Retiro online de Cuaresma

Por: Carmelitas de Francia, Austria y España

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Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma

“La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).

 

Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

 

1. La redención de la creación: la celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios. Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

 

2. La fuerza destructiva del pecado: efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse. Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás. Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

 

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón: por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual. Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

 

La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

 

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

 

Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

 

Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

 

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

 

De la abundancia del corazón, habla la boca

Reflexión de la palabra de Dios

Foto: http://gruporivas.com.mx
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Primera Lectura, lectura del libro del Eclesiástico 27, 4-7: cuando se agita la criba, quedan los desechos; así, cuando la persona habla, se descubren sus defectos. El horno prueba las vasijas del alfarero, y la persona es probada en su conversación. El fruto revela el cultivo del árbol, así la palabra revela el corazón de la persona. No elogies a nadie antes de oírlo hablar, porque ahí es donde se prueba una persona. Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial: es bueno darte gracias, Señor. Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo; proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. Es bueno darte gracias, Señor. El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. Es bueno darte gracias, Señor. En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, mi Roca, en quien no existe la maldad. Es bueno darte gracias, Señor.

 

Segunda Lectura, lectura de la primera carta a los Corintios 15, 54-58: Hermanos, cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: “La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?” El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así, pues, hermanos míos queridos, manteneos firmes y constantes. Trabajad siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga. Palabra de Dios.

 

Evangelio, lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 39-45: En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, ¿sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca». Palabra del Señor.

 

 

Reflexión: “De la abundancia del corazón habla la boca”

 

 

Es interesante preguntarnos ¿Qué abunda en mi corazón? La respuesta sincera a esta pregunta revelará el porqué de mi manera de hablar y de situarme delante del mundo. Quizás si hallo rencores en mi corazón, muy seguramente mi manera de hablar será de un lenguaje cargado de rabia y resentimiento, o si tengo en el corazón frustraciones, muy seguramente en mis palabras se asomen inseguridades, o quizás tenga vacíos afectivos y en mi manera de expresar se manifieste desamor. ¿Pero cómo evitar que estos sentimientos entren en mi corazón? Es casi inevitable que en el corazón humano no exista el rencor, la frustración, el desamor u otros sentimientos que se van introduciendo lentos y a veces silenciosamente en el cajón de los recuerdos de nuestra historia personal, y esto es una realidad tan cierta que pareciera que no pudiéramos escapar de ello.

 

Si humanamente hablando todos reconociéramos que en nuestro corazón existen muchos sentimientos negativos que poco a poco se van manifestando en nuestra manera de hablar porque: “de la abundancia del corazón habla la boca”, entonces tendríamos una excusa perfecta para poder convivir con todo lo malo que hay en nosotros y sale de nosotros. Sería una gran desdicha creer que estamos arrojados a una trágica historia bañada de situaciones que nos disponen a tener sentimientos negativos y, a su vez tener que acostumbrarnos a ellos. 

 

Los grandes místicos como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz manejan una antropología teológica que nos llenan de esperanza ante este panorama de desilusión. Si bien en el corazón humano abundan sentimientos negativos que nos inclinan levemente a la maldad, los místicos guardan la certeza que, en el corazón humano, en el hondón del alma se halla Dios. Cuando adquirimos la conciencia plena que Dios nos habita, todo lo demás se hace estrecho en el corazón.

 

Así pues, si humanamente hablando nuestro corazón tiene una tendencia a ser contenedor de sentimientos negativos, divinamente hablando todos los corazones son habitación de Dios, y por pura gracia divina el ser humano se convierte así en templo vivo de la presencia real de Dios, sacramento de Dios. En estos templos vivos que somos todos nosotros, debemos procurar no dejar entrar nada que le impida a Dios vivir a sus anchas; pues, aunque Dios no se muda, si guardamos sentimientos negativos de forma abundante, allí Dios morará silenciosa y estrechamente sin nunca jamás marcharse.  De aquí surge una tarea espiritual para todos: disponernos a dejar que Dios sobreabunde en gracia en cada uno de nuestros corazones, y dejar que Él viva amplia y gozosamente en nuestra intimidad sin que ningún sentimiento negativo lo estreche.

 

Permitamos que Dios sea la abundancia de nuestros corazones, la riqueza profunda de nuestras almas. Ocupémonos de cultivar la interioridad de nuestro ser, para que, sobreabundados por Dios, nuestra boca se convierta en instrumento de alabanza al Creador que nos habita secretamente en el interior de nuestro ser, porque “el hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón” que no es otra realidad sino Dios.

 

Fray Harold de Santa Teresita del Niño Jesús

 

Nuestra Casa Común

Guainía: el destino de la esperanza

Congreso Nacional Mariano Carmelitano OCDS

Del 24 al 26 de mayo de 2019 en Bogotá

Casa de Espiritualidad Francisco Palau

***Cupos limitados***

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Programa

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Inscripción

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Una vez diligenciado el formato, envíalo al correo en donde recibirás una respuesta de recibido:

 

comunicacionesocdscolombia@gmail.com

 

El recaudo para participantes nacionales se realizará a través de las tesorerías de cada comunidad y para participantes internacionales directamente a su llegada en la mesa de inscripciones.

 

Preguntas del Congreso

¿Qué?: “El Carmelo de María: Recordar, afianzar y reforzar los lazos filiales y fraternos de los Carmelitas con María del Monte Carmelo”. 

 

¿Porqué?: En el dinamismo interior del seguimiento de Jesús, el Carmelo ha contemplado a María como Madre y hermana, como "modelo perfecto del discípulo del Señor" y, por tanto, modelo de la vida de los miembros de la Orden.  

 

¿Para qué?: Para seguirla en su compromiso al servicio de los demás y comunicar la auténtica piedad mariana que lleva a la imitación de sus virtudes.

 

¿Con quién?: Frailes OCD; Madres OCD; Todos los miembros de todas las comunidades OCDS; Familia; Personas del entorno.

 

¿Cómo?: A través de un recorrido por los diversos reconocimientos, escritos y relatos de la presencia de María en el Carmelo, basados en la obra y testimonio de nuestros santos y hermanos de la Orden durante siglos.

 

¿Con qué?: María nos enseña a escuchar  la Palabra de Dios en la Escritura y en la vida, a creer en ella en todas las circunstancias para vivir sus exigencias. Y esto, sin entender muchas cosas; guardando todo en el corazón (Lc 2,19.50-51) hasta que llega la luz, con una oración contemplativa.

 

¿Cuándo y Dónde?: “Ubicación histórico-geográfica de la presencia de María en el Carmelo”.

 

¿Para quién?: Para la Iglesia y el mundo; para la Orden; para la familia y la sociedad.

 

Misericordiosos como el Padre

Reflexión sobre la palabra de Dios

Foto: http://mvcweb.org
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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (6,27-38). Jesús dijo a sus discípulos: Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes. Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

En una lectura transversal de las Sagradas Escrituras, los autores bíblicos siempre han buscado mostrar la acción de Dios por medio de la historia del hombre; y como busca siempre su salvación. Dios ha actuado a través de los tiempos usando muchas mediaciones en especial las humanas; hasta el punto que Él mismo se humana para darnos a conocer su eterno amor y misericordia; así como lo muestra en la primera lectura de este domingo, mostrando a un David compasivo y misericordioso para con su adverso; haciéndolo coherente a su unción y su futuro ministerio, en atención a un pueblo necesitado.

 

De igual manera, el salmo de hoy domingo, nos invita a cantar  en su estribillo la esencia de Dios mismo, que aconteciendo en la realidad humana, nos invita a exultar de gozo por compartir desde su eternidad divina, su ser compasivo y misericordioso, esto es, unido a la pasión y realidad del hombre y amando su miseria. Es así como en la carta del apóstol San Pablo a los Corintios se nos recuerda nuestra naturaleza humana y divina y como estamos llamados a configurarnos con  Cristo, hombre perfecto, quien en su naturaleza de hijo de Dios nos invita con su ejemplo a practicar la misericordia.

 

Así lo muestra en el Evangelio del día de hoy, donde luego de hacer su magistral enseñanza sobre el sermón de la montaña, en la que somos exhortados a vivir y construir verdaderas comunidades cristianas, el Señor se dirige a aquellos a quienes quieren oír su mensaje, esto es,  sus discípulos: pobres, enfermos, marginados, en últimas cada uno de nosotros necesitados de Él. Y prosigue con consejos que dan una nueva enseñanza y que rompe todos los esquemas de justicia y moral de aquel contexto, proponiendo el amor a quienes no nos aman, a los enemigos, el perdón ilimitado y sin objeciones; en fin, un legado de entrega profunda y de sacrificio por el otro que debe nacer del el fondo del alma. A través de ejemplos concretos Jesús enseña cómo hacerlo y expone esta expresión con contundencia “Lo que quieran que les hagan los hombres, háganlo ustedes con ellos”   es decir, que es en la fraternidad sincera, donde podemos contemplar el rostro de Dios.

 

Jesús nos enseña a avocarnos al corazón del otro desde su perspectiva misericordiosa; él es reflejo del amor del Padre, por tanto, no es suficiente hacer lo que cotidiana y ordinariamente hacemos, hay que dar un paso más y este paso es imitar la misericordia del Padre a través de los ejemplos en los actos y actitudes de su  de su Hijo.

De la intimidad con Dios al amor de unos con otros

Reflexiones Carmelitanas

Foto: https://www.desiringgod.org
Foto: https://www.desiringgod.org

El Carmelo Descalzo cuenta con una gran riqueza y herencia que nos ha sido legada. Ya sea por nuestra Madre fundadora, Santa Teresa de Jesús, o por el deber que la Iglesia nos ha encargado, nuestro carisma nos impulsa a una manera concreta de vivir el seguimiento del Señor: tratar íntimamente con Jesucristo, de una manera familiar y coloquial; en otras palabras, vivir en una verdadera intimidad y trato amoroso. Dicho trato amoroso ¿dónde ocurre? ¿cómo se genera? Un primer acercamiento es en la intimidad; la cual se va sumergiendo en una soledad sonora, como lo indica Juan de la Cruz, hasta que, enamorados completamente de ese Dios, salimos al mundo a comunicar su belleza y su presencia resucitada. Mas aún, la oración para el carmelita deja de ser simplemente palabras y frases; se convierte en un trato el cual es una acción ¿cómo? Este trato amoroso, se construye en nuestro diario vivir, las palabras, los hechos, los gestos, las acciones… el día a día se hace tema de conversación con ese amigo y confidente. Entonces, nuestra vida es la oración en la cual, coloquialmente nos presentamos a Jesús. Por ello, la intimidad vivida de un alma enamorada, el diario vivir, y la oración, son una misma cosa para el carmelita.

 

Ahora bien, ya habiéndose entregado por completo al amor de los amores, a su eterno enamorado, no le queda al alma mas que degustar y disfrutar de ese trato. Por ello, es el fuego del amor que lleva por dentro, que la enciende y quema, que la devora y la lanza a gritarle al mundo un amor tan grande; un misterio que se encuentra en el corazón. Un llamado a la eternidad, la plenitud, la intimidad; intimidad que es alimentada por el fuego y las brazas que ardieron hasta fundirse. Presencia viva y eficaz de Dios, antorcha que llamea en medio de la oscuridad del mundo. Mística y profecía, plenitud de amor que hierbe y conduce a una hondura encarnada. Intimidad que no es solo una soledad, sino una realidad existente que permite que caminemos por el mundo.

 

Ese trato intimo es una vida encarnada, entregada a Dios que se manifiesta amando al prójimo, un amor avivado que nos afirma en la trascendencia, en lo auténtico, que enaltece en todos ese Dios que nos habita. Si vivimos sumergidos en Dios, podemos ver el reflejo de Dios en el otro, desde el más cercano hasta el que vive en la periferia. Por ello, la misión en aquel que trata en lo íntimo con Dios es ser conducido a vivir de amor y morir amando a Dios en el otro.

 

Es triste ver tantas personas que dicen amar a Dios, pero ver que no aman a nadie más, que buscan el silencio porque la voz del hermano le es estridente, que no escuchan en ello el clamor y la trompeta profética del amor. Por eso, nuestra misión como carmelitas va dirigida al silencio amoroso, un silencio fecundo que grita con la vida el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. No es en vano las innumerables cartas de nuestros santos, Teresita, Isabel, Teresa, Juanita, Edith, Francisco, Juan… mujeres y hombres silenciosos, pero que no pudieron contener para sí ese amor que se les dio gratuitamente.

 

Por tanto, el silencio carmelita no es un mero silencio disciplinario, es un trato intimo con Dios que después de haber estado en lo profundo, se comunica al otro, en amor; amor que hemos aprendido en esa intimidad; es decir, no amamos porque lo sepamos hacer, amamos porque nos amaron primero y eso que hemos vivido lo comunicamos.

 

De manera que el carmelita orante y contemplativo no es aquel que se queda horas en silencio encontrándose solo a sí mismo; más bien, es aquel que, desde ese interior, tras haber tratado amorosamente con su Amante, sale de sí para encontrarse con el otro, con el Dios que le habita, el mismo Dios que contiene dentro. Mas aun, es desde aquí que empieza a conformar una vivencia profunda, no solo para él sino para todo aquel con quien tenga contacto. Por tanto, este es el aporte autentico del Carmelita, es aquel que es amigo del Señor, que le trata como amigo, como Dios, como Señor, como amante… y a la vez, comunica ese amor y derrama amor a los demás, construyendo así una mejor realidad, un amor fuerte que rompe todas las fronteras.

 

Fray Darwin Castro OCD

Conoce un poco de nuestro Parque Nacional Natural Río Puré

“Bendito en cambio quien confía en mí, y en mí pone su esperanza”

Foto: https://www.theodysseyonline.com
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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (6, 17.20-26): en aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.” Palabra del Señor.

 

 Reflexión

 

Celebramos el domingo VI del Tiempo Ordinario, y  la Palabra de este día, es muy rica en mensajes; destaca sobre todo el tema-realidad de la Pobreza. Empieza en la primera lectura, con un riquísimo texto del Profeta Jeremías: “Bendito en cambio quien confía en mí, y en mí pone su esperanza” (Jer. 17, 5); y a la vez, el evangelista Lucas nos transmite: “Dichosos ustedes los pobres, porque el Reino de Dios es para ustedes”. (Lc. 6,20 ss.). Confiar verdaderamente en el Señor, cuesta, y cuesta mucho, por nuestra condición humana, por la ley y la norma que llevamos muy dentro de nuestro corazón, por nuestro Ego. Dicen los Padres de la Iglesia, que la Palabra responde a la Palabra, así la Bienaventuranza: “Dichosos Ustedes los pobres”, responde y se fundamenta en la Palabra de Jeremías “Bendito en cambio, quien confía en mí”.

 

El texto de las Bienaventuranzas es un texto complejo, difícil de analizar; y mucho más complejo y difícil para vivir. No tiene ninguna lógica, pensando  algunos inclusive, que este texto ya es hora de marginarlo y no prestarle tanta atención; le falta la lógica que aprendemos y practicamos en Occidente. Surgen por tanto muchas preguntas: Es posible ser feliz… siendo pobre?, ser feliz teniendo hambre…?, ser feliz…, llorando?…

 

El pasaje del evangelio de este domingo, está en un contexto muy interesante: Jesús ha pasado la noche en oración (Lc. 6,12); al recalcar el evangelista este detalle, quiere darle importancia a lo que va a hacer en el día siguiente: la elección de los apóstoles, llamándolos por su nombre a cada uno (Lc. 6, 13-16); y luego descender a la llanura con ellos para predicar a muchos que han ido a buscarle, y que vienen desde Jerusalén, y aún desde la región de Tiro y Sidón. -Muchos de los que le estaban buscando ya eran discípulos suyos-.

 

¿Qué buscan? Escuchar la Palabra predicada por Él y ser curados. Jesús ya lo sabe, no es la primera vez, y su sabia pedagogía la vuelve a aplicar: primero atiende la parte de la salud: enfermedades de toda clase y posesión de varios demonios (Lc. 6, 18-19); y acto seguido, la parte espiritual, predica uno de sus discursos más trascendentales e importantes de toda su enseñanza al inicio de su vida pública: “Dichosos ustedes los pobres, porque de Ustedes es el Reino de Dios”…. (Lc. 6,20 ss.). Los que le escuchaban realmente eran pobres la mayoría; y además reafirma: Ustedes los pobres que tienen el Espíritu de Jesús, porque no todos tienen este Espíritu. Y aceptar que no todos los pobres poseen este Espíritu, sino que tienen una mentalidad de ricos, anhelando bienes, dinero y otros.

 

Escuchemos al Papa Francisco en su reciente Exhortación Apostólica del año pasado, “Alegraos y Regocijaos”. Nos dice él: “El evangelio nos invita a reconocer la verdad de nuestro corazón, para ver dónde colocamos la seguridad de nuestra vida. Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y cree que cuando están en riesgo, todo el sentido de su vida se desmorona” (Alegraos y regocijaos, # 67). La Palabra de Dios lo corrobora y aclara:“Maldito el que aparta de mí su corazón, para poner en los hombres su confianza y apoyarse en los mortales” (Jer. 17, 5,  (Lectura de este domingo)  Y añade nuestro querido Papa Francisco: “Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad”.(Alegraos. y Regocijaos # 68). Si el recipiente está lleno de muchos objetos,  títulos, poderes y dinero, qué espacio queda para el Señor? Si el corazón está lleno de muchos deseos, proyectos, cargos, vestidos, viajes, y tantos otros elementos propuestos por la sociedad de consumo, qué espacio queda para el Señor?

 

San Ignacio de Loyola por su parte, habla en sus escritos , de la “santa indiferencia”, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior; dice: “Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no está le prohibido, en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás” (Ejercicios Espirituales, 23).

 

Nuestro Padre San Juan de la Cruz, nos habla también de la pobreza, en un sentido más profundo; con mucha sabiduría, hablando de los provechos que siguen al alma, de apartar el gozo de los bienes morales: “El tercero es divino provecho, y es que, apagando el gozo en estas obras, se hace pobre de espíritu, que es una de la bienaventuranzas que dice el Hijo de Dios, diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos. (Mt. 5,3)'”. (III Sub. 29,3).

 

Por su parte nuestra Madre Santa. Teresa de Jesús, de las varias ocasiones que habla sobre este tema de la pobreza, destaca en esta cita tan conocida: “Solas tres (cosas) me extenderé en declarar…, La una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado; la otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza todas” (Camino de Perfección 4, 4). Y de forma sabia y magistral, la enfoca hacia el desapego y distanciamiento de los deudos (familiares y amigos).

 

Finalmente, el gran santo mártir, decidido defensor de los pobres y maltratados, San Oscar Arnulfo Romero, afirma: “Por eso los pobres han marcado el verdadero camino de la Iglesia. Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres, las injusticias que con ellos se cometen, no es verdadera Iglesia de Jesucristo”. (Salvar al Pueblo, Sn. Oscar Romero, # 54, pag. 47).

 

Siga iluminando la Palabra de Dios toda nuestra vida, de Sacerdotes, Carmelitas y laicos del Pueblo de Dios.

 

Fray Jose Helí Osorio S. OCD.

Elección nuevo Consejo en la comunidad Ntra. Sra. del Monte Carmelo en la ciudad de Bogotá

Con la compañía de nuestro querido Fray Gustavo Escobar y Fray José Gregorio, el sábado 16 de febrero, se llevó a cabo la elección del nuevo Consejo para la comunidad de Nuestra Señora de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, siendo elegidas Marlene Rodríguez como Presidenta, Consejero de Vida Mariana Irma de Kurishita, Consejero de Apostolado Rocio Meléndez de Ordoñez y Consejero de Vida Espiritual Caroline Gebehart. Como Formadora fue nombrada Lucy Artunduaga de Dussán y como auxiliares, Elizabeth Cárdenas en la Secretaría y Ma Eugenia Benavides en la Tesorería. Deseamos que sea el Espíritu Santo quien las anime y exhorte en este nuevo compromiso para servirle. ¡A toda la comunidad felicidades en esta nueva etapa del camino juntos!

Parque Nacional Natural Serranía de los Churumbelos

Parque Nacional Natural Amacayacu

Definitorio Extraordinario de los Carmelitas Descalzos

El 9 de febrero han continuado por la mañana los trabajos del Definitorio Extraordinario, con encuentros regionales y de las diversas Conferencias de Superiores, mientras la Comisión encargada preparaba el borrador del texto del Documento final del Definitorio. A las 17:30 se bendijo una estatua de la Virgen del Carmen, que quedará en el Centro de Espiritualidad “St. Joseph Vaz” como recuerdo visible de este cuarto Centenario de los Carmelitas Descalzos y de la celebración de este Definitorio Extraordinario. Finalmente, a las 18:00, la Asamblea plenaria se reunió para escuchar una comunicación del Procurador General, P. Jean-Joseph Bergara. Fuente: http://www.carmelitaniscalzi.com/

Vida de San Juan de la Cruz

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¡Bienvenido Fray José Gregorio!

Noticias OCDS

El sábado 02 de febrero, la comunidad de Nuestra Señora del Monte Carmelo, le dio la bienvenida a Fray José Gregorio, quien junto con la formadora del Consejo, estarán a cargo de la formación durante el año 2019. Se ha acordado el estudio de nuestro querido santo San Juan de la Cruz. De igual manera, el presidente de la comunidad, Hno. Saúl León se despide del servicio prestado durante el año, recibiendo las muestras de gratitud y afecto por su gestión, direccionamiento y acompañamiento. La comunidad en cabeza de nuestro querido Fray Gustavo Escobar celebró el día de la Candelaria...¡Felicidades a nuestros hermanos y los más nobles deseos en los diferentes caminos por recorrer en este nuevo comienzo!