La semilla

Santo evangelio según san Marcos 4, 26-34

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.» Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»

 

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado. Palabra del Señor.

 

Reflexión: la semilla

 

Jesús cuenta esta parábola: «El Reino de Dios es como un hombre que siembra la semilla en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano en la espiga. Y cuando la cosecha está a punto, mete la hoz, porque ha llegado la siega” (Marcos 4, 26-29). Su mirada da a Jesús una sintonia admirable con la realidad, que lo convierte en maestro consumado en el arte de contar parábolas, expresión maravillosa de la realidad. La majestad oculta de quien habla centellea en cada una de sus palabras.

 

La fantasía de Jesús es arrobadora. No se sirve de ella para suplantar la realidad, sino para traducir a lenguaje humano su experiencia inefable del Padre, con quien vive en unidad. Sus comparaciones son inolvidables. El Reino de los Cielos se parece a una semilla. El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza. El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo. El Reino de los Cielos es semejante a la levadura. El Reino de los Cielos se parece a una perla, a un tesoro. A quienes le reprochan su familiaridad con los publicanos y pecadores, Jesús les responde con las parábolas de la oveja y la moneda perdidas y la del hijo pródigo. El amor de Dios para con el pecador que busca el hogar no tiene límites. Su decir resuena en todos los oídos: Felicitenme porque he encontrado mi oveja y mi moneda y el hijo pródigo ha regresado a casa.

 

Las parábolas de Jesús son fotografías verbales de la vida real, más aún, autobiografías del que las cuenta. Hoy podemos decir que las parábolas son selfies verbales. “Si una parábola ilustra la bondad de Dios, lo hace por la bondad activa de Jesús” (E. Fuchs). Quien se mete en el corazón de las parábolas de Jesús, aparece de repente en el corazón de Dios. Aventura que el lector dispuesto tiene por vivir, la de encontrar que Jesús mismo es el paraíso, el que promete en la cruz al buen ladrón. Jesús no solo anuncia el mensaje de las parábolas, sino que lo encarna en su persona. “Jesús no pronuncia solamente el mensaje del Reino de Dios; Él es, al mismo tiempo, ese mensaje”. San Agustín lo sabía: “Después de esta vida, Dios mismo es nuestro lugar”. El Reino que pedimos en el Padrenuestro.

 

La nueva familia de Cristo

Foto: http://www.devictoriaenvictoria.com/
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Santo Evangelio según san Marcos (Mc 3, 20-35)

 

En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». El los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre». Palabra del Señor

 

Reflexión

 

Hace pocas semanas celebrábamos la Solemnidad de Pentecostés, que representa la presencia del Espíritu del Señor Jesús en la Iglesia; ahora en el tiempo ordinario, el Señor nos sigue acompañando con la ayuda de su Espíritu, para que podamos construir su Reino de amor, paz, justicia y alegría, al estilo de la familia Trinitaria que nace de la unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Desde esa perspectiva reflexionaremos en el evangelio de este domingo, a través del cual el evangelista Marcos nos adentra en la vida de Jesús y su situación familiar, ya que es en la familia cristiana, donde podemos vivir el Reino de Dios guiados por el Espíritu del Señor. Según nos dice San Marcos en el capítulo dos, versículo uno, la familia de Jesús ya no sólo está formada por sus parientes que viven en Nazaret, ahora su familia en Cafarnaúm se ha ampliado; probablemente esto podría ser entendido por los suyos como un comportamiento no normal, un estar “fuera de sí”; a tal punto de afectar incluso la relación con sus parientes.

 

Ahora bien, no solo la familia de Jesús pensaba así, también algunas autoridades religiosas como los escribas, lo criticaban por ampliar la familia, por eso buscaban cualquier manera de acusarlo, incluso diciendo que ejerce un poder diabólico: “por el poder de los demonios echa fuera a los demonios”. Esta forma de pensar y de enjuiciar les daba la autoridad para rechazar todo cuando de Él venía: obras, mensajes de vida y mucho menos permitir que todo esto penetrara en su conciencia y los modificara. Es aquí donde Jesús dice que se da la blasfemia contra el Espíritu Santo, pues hay en esta forma de proceder una forma de idolatría a través de la cual se diviniza la propia opinión o dogma, rehusándose a permitir que Dios transforme el corazón antes que las acciones. Para Jesús este pecado es imperdonable porque las personas que voluntariamente se encierran a sí mismas en una ideología, se bloquean a sí mismas a la acción de la gracia, dando inicio a su propia muerte espiritual, lo que impide abrirse a la construcción de la nueva familia de Jesús.

 

Él se había convertido repentinamente en una figura pública que desacomodaba, enojaba y transformaba los paradigmas religiosos, políticos, económicos y sociales, lo cual lo convertía en una persona peligrosa para los intereses de tantos, incluso hasta de la tranquilidad del ambiente de su vida familiar; de ahí su decisión de ir por él para que no le hicieran daño. Es en esta situación, donde Jesús aprovechando esta coyuntura familiar y social, que proclama que su familia más cercana no está unida por la sangre o herencia genética, sino por un lazo más fuerte que es dado solo por la acción del Espíritu; es el Espíritu el que debe unir a la familia y a la sociedad.

 

Es esta la nueva familia de Cristo, a la cual nosotros pertenecemos, en la cual necesitamos orar constantemente para pedir el Espíritu del Señor, pues nos hace falta saber qué cosas de las que nos rodean o hacemos son y vienen de Él; es su Espíritu, dado en la oración, quien nos permite ir a lo profundo dejando a un lado lo superficial.

 

Por eso, una vez que descubrimos al Espíritu presente en nuestras propias vidas podemos ser parte del círculo más íntimo de Jesús, de su familia, de su comunidad, y será Él mismo quien nos ayudará a liberarnos de la presencia del mal que nos permite ser realmente familiares, fraternos y comunitarios; es de esta forma como podemos abordar el tema de la “expulsión del demonio”, como clave del anuncio de la presencia del Reino, no como un fenómeno al estilo “exorcista de película” que tanta curiosidad provoca, sino como el poder de la Palabra mediante la presencia del Espíritu para la liberación de la mente y del corazón del mal que hace daño a la familia y a la comunidad. El Reino de Dios no se queda simplemente en un concepto, sino que es una fuerza que transforma por medio de la Palabra. Por eso Jesús libera a toda esta gente estigmatizada que deben ser los primeros en experimentar la misericordia de Dios.

 

La acusación de que Jesús actúa en nombre de Belzebú es negarle toda su acción misericordiosa. Él en realidad actúa en nombre de una fuerza mayor, con el poder de Dios trasmitido a través de su Palabra y su obra, pero es eso lo que no quieren aceptar. No hay poderes mágicos ni ocultos, sino una Palabra de vida, de acercamiento, de misericordia, de gratuidad en nombre de Dios. Jesús le responde a su familia y a la sociedad con su mensaje evangélico de alegría y amor, al estilo de una “terapia psicológica”, pero mucho más que eso, desde la acción de la gracia, a la cual sus adversarios no pueden resistir. No hace falta entrar en los términos técnicos de esas enfermedades de la mente, porque lo eran también del corazón. En realidad, era una enfermedad cultural y también religiosa.

 

Jesús sin renunciar a su familia nuclear, “su madre y sus hermanos”, que son los recién llegados, quiere construir una familia incluyente y abierta, incluso donde pueden tener parte los enfermos de todo tipo, los de las periferias y desvalidos, que han encontrado en su “terapia espiritual” una familia nueva que les acoja y les cuide. Son los seguidores del Reino de Dios que, liberándose de esa cultura demoníaca inaceptable, sienten que de verdad Dios está con ellos en sus sufrimientos.

 

P. Luis Guillermo Durán T. OCD

 

El Cuerpo de Cristo

Lectura del libro de Éxodo (24,3-8)

 

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.» Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.» Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.» Palabra de Dios 

 

Salmo

 

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre. R/.

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;

rompiste mis cadenas. R/.

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

 

Lectura de la carta a los Hebreos (9,11-15)

 

Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna. Palabra de Dios.

 

 Evangelio

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (14,12-16.22-26)

 

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Prepáradnos allí la cena.». Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

“Tanto amo Dios al mundo que le entregó a su hijo único para que todo aquel que crea en El tenga vida y la tenga en abundancia” (Jn. 3, 16). Toda la historia de la salvación, desde sus más antiguas tradiciones, es la revelación amorosa y misericordiosa de Dios Padre manifestándose a las naciones con todo el poder del que solo Él es capaz, para llevarnos a todos a su regazo. El camino del amor que el Señor nos ha trazado, solo se puede comprender y vivir desde una verdadera experiencia eucarística. Las lecturas de este domingo del Corpus Christi, nos están indicando que Dios es el Padre de amor infinito, que desde el inicio de la creación no ha hecho sino amar lo que creó con su Amor, reflejando en ello su propia esencia.

 

En el Antiguo Testamento, la sangre de machos cabríos y de terneros, es el signo con el cual el pueblo pacta obedecer en todo al Señor y cumplir cabalmente los mandamientos, pero la historia ha evidenciado que el único fiel a ese pacto siempre ha sido Dios, porque el pueblo sucumbe constantemente a la tentación de irse tras otros dioses e idolatrías. Me atrevería a decir, que los sacrificios ofrecidos por el pueblo son más ofrecimiento de Dios mismo a la humanidad que la humanidad comprometiéndose fielmente con su Dios. Como que el único que se la toma en serio es nuestro Padre del cielo, mientras el ser humano pareciera no importarle romper lo sagrado de la alianza. Después raya con el colmo de la desfachatez humana reclamándole a Dios por las consecuencias nefastas que le traen sus actos desobedientes.

 

Pese a todo, Dios Padre sigue apostando por el ser humano, no se cansa de esperar por su criatura, para que ésta cambie su corazón de piedra por uno de carne; por eso, envió a su Hijo Jesucristo para un nuevo pacto y, esta vez para siempre, una nueva alianza sellada ya no con la sangre de terneros y corderos sin defecto, sino con la de su propio Hijo amado, que es el Amor perfecto.

La carta a los Hebreos refiere a realidades que pasan desapercibidas en el camino de la fe, de quienes la viven superficialmente, que el sacrificio único y verdadero es el de nuestro sumo y eterno Sacerdote, que ofrece un sacrificio siendo El mismo lo sacrificado, que con su sangre borró nuestras culpas y nos dio la garantía de la vida eterna, esto no se puede percibir simplemente como un rito pasajero que no deja nada enriquecedor para la vida del que se dice creyente. La Eucaristía es el acto amoroso del más grande e inocente de la historia de la humanidad, de la injusticia más grande que el pecado humano haya causado, de aquel que siendo Hijo de Dios se abajo hasta nuestra condición humana para reconciliarnos con su Padre de quien también nos hizo sus hijos.

El cuerpo y la sangre de Cristo, es la conmemoración de un hecho presente que los bautizados celebramos empeñando en ello por entero nuestra vida, preparándonos con esmero tal como los discípulos le prepararon la cena al Señor como lo narra el Evangelio. Hoy más que nunca necesitamos de un corazón preparado a recibirle solo a Él, y esta preparación parte del compromiso fiel de no traicionarlo a la primera dificultad que se presente en el camino de la Fe. Preparar la cena del Señor exige hoy actitudes de vida seria y arriesgada, sin el miedo a llevarle la contraria al mundo y sus ideologías disfrazadas de falsas propuestas de libertad, felicidad y facilismo en el vivir.

La Palabra de este día, nos exige una vez más, que si miramos para atrás en el seguimiento de Cristo no sea para sentarnos a llorar las tristezas que el pecado va dejando como heridas imborrables en lo más profundo del corazón, sino para comenzar, renovados por cada Eucaristía, una nueva historia de salvación en nuestra propia vida y la vida de la comunidad desde los parámetros fundamentales del Amor hecho ágape, donde el hermano se haga más responsable del hermano; porque bien lo sabemos,  desde que Cristo se sentó a la mesa con sus discípulos y partió el pan entre ellos, y les dio a beber el vino convertido en su propia sangre redentora, cada hombre es mi hermano, cada hombre se hace responsable de cada hombre y lo más importante cada ser humano como auténtico hijo de Dios está llamado a cooperar en la edificación de una Iglesia siempre nueva donde more la paz y la justicia que el mundo necesita conocer para vivir de verdad la experiencia del Amor en  una humanidad que se renueva de pecadora en justa.

Al celebrar y hacer vida el profundo misterio que se nos revela en el cuerpo y la sangre preciosa de nuestro señor Jesucristo, en nosotros cobra sentido una historia que para los alejados no es más que un mito y una leyenda de las que unos cuantos viven aferrados para no reconocer su impotencia ante la vida que los supera con sus adversidades. Esos cuantos somos nosotros referenciados por el Evangelio como la gran multitud que sigue a Jesús, o las naciones que desde el Antiguo Testamento le ofrecen gloria y alabanzas a nuestro Dios de cielo y tierra. Nosotros que por encima de las cruentas guerras que destruyen la armonía de la convivencia humana, somos capaces de mantener viva la esperanza en un mundo igual y digno para todos, gracias a cada Eucaristía que alimenta esa esperanza. Así cabe decir sin titubeos que la Eucaristía es fuente de esperanza  y vida eterna.

 

Jesús celebró la Cena con los suyos que estaban en el mundo, y de allí partió para el huerto de Getsemaní a cumplir la voluntad del Padre, porque eso es lo que queda en el corazón después de haber comido la cena del Señor, un deseo ardiente de hacer con la vida solamente la voluntad de Dios, la Eucaristía es el alimento que fortalece y da fuerzas para salir a cumplir la misión que el padre le ha encomendado a cada uno en su paso por la tierra.

La pregunta que nos debe quedar como tarea, para responderla día a día a lo largo del tiempo que nos quede por vivir es, si al comer el cuerpo y beber la sangre de Cristo, nos sentimos impulsados por la fuerza de este misterio en el centro de nuestra alma a ser obreros del Reino y testigos veraces de lo que Jesucristo obra con su amor en el corazón humano, cuando este se alimenta del pan partido para ser compartido por la comunidad en pleno que se ama como Él nos está amando.

 

P. Luis Alberto Vergara Sánchez, OCD.

 

La Santísima Trinidad

Foto: https://www.iglesia.info/
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Primera Lectura 

 

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre. Palabra de Dios 

 

Salmo 32

 

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra.

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor hizo el cielo;

el aliento de su boca, sus ejércitos,

porque él lo dijo, y existió,

él lo mandó, y surgió.

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre.

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Nosotros aguardamos al Señor:

él es nuestro auxilio y escudo;

que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

 

Segunda Lectura: Romanos 8,14-17

 

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados. Palabra de Dios.

 

Evangelio: Mt 28,16-20

 

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Palabra del Señor

 

Reflexión

 

Celebramos en la Iglesia el misterio Trinitario. Decir Santísima Trinidad es imprimir gracia y vigor al hecho de que Dios es Dios, uno y trino. Un Dios que en sus maravillas es perfecto, sublime, santo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo constituyen el misterio de la Santísima Trinidad, por lo tanto, es llegar a entender que Dios es tres veces santo. Dios es Dios. El tres indica su realidad sublime. De este modo la Santísima Trinidad es perfección que excede toda alabanza.

 

En la primera lectura, en el libro del Deuteronomio, Moisés reconoce “que el Señor es el único Dios”, por esta razón se queda maravillado al “reconocer la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego”, y lo sorprende por medio de la zarza que arde sin consumirse. La llama, así como el fuego, le revela que Dios es luz, y su luz nos hace ver la luz. Por lo tanto, vivir resplandeciente es el llamado a descubrir admirados, en el horizonte del anochecer, al Padre.

Desde el acontecer de cada día, los creyentes comenzamos y terminamos nuestros encuentros de oración, eucaristías, e incluso muchas actividades y jornadas así: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”, como un pilar de nuestra Fe. Pero quizás no alcanzamos a vislumbrar lo grandioso de esta invocación. Santa Isabel de la Trinidad (Carmelita Descalza) en su “Elevación a la Trinidad” dice: “¡Oh mis Tres, abismo en el que me pierdo!” llevándonos a una fascinante inmensidad sin tamaño, sin fondo, donde el corazón se funde al invocar tan excelsa grandeza que va más allá de la razón y llena cada momento o actividad de ternura y belleza, alegría y misericordia, uniendo así lo Divino con lo humano, uniendo el cielo con la tierra. Por esta razón el creyente al comenzar y concluir una acción dice: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

El apóstol Pablo en la segunda lectura nos recuerda “que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”, por lo tanto, es un llamado a ser hijos, sentirnos hijos, hacernos hijos de Dios Padre en el Hijo por el Espíritu Santo, es decir, somos miembros de la familia trinitaria por morar en el Padre, por permanecer en el Hijo y vivir en el Espíritu Santo. De esta manera, el orante ha heredado ser templo de Dios, del Dios que es amor y crea por amor criaturas de amor para hacerlas partícipes de un mismo amor que es El mismo.

 

Por último, Jesús en el Evangelio nos propone una misión: “id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Esta tarea, entendida como misión, nos pide dejarnos poseer por un misterio grandioso, fascinante y acogedor: contemplar una maravillosa experiencia de intimidad: lo divino en lo humano, lo humano en lo divino. Es obra del amor que se comunica con la vida, que llena el vacío existencial y enseña cómo en esta triple comunicación se realiza “El favor del Señor Jesús Mesías, el amor de Dios y la solidaridad del Espíritu Santo” (2 Cor 13, 13) y reafirmando la promesa del Hijo: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” que se disfruta con admiración y gratitud. Como dice San Juan de la Cruz, “en un silencio de amor, donde no hacen falta las palabras, todo se dice en silencio”, el enviado no pregunta ni dice nada, contempla en silencio, mira, vislumbra; presiente la luz, se deja poseer, habitar, y proclama convencido “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”. Amén.

 

Fray Luis Enrique Orozco OCD

 

5  cosas que debemos saber sobre el Espíritu Santo

Foto: http://oracionyliturgia.archimadrid.org/
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Pentecostés es el día en que los cristianos recuordamos cuando Jesús, después de su Ascensión al cielo, envió al Espíritu Santo a sus discípulos. Posteriormente los apóstoles salieron a las calles de Jerusalén y comenzaron a predicar el Evangelio, y "los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas." (Hechos 2:41)

 

 

1) El Espíritu Santo es una persona

El Espíritu Santo no es una "cosa" o un "qué", el Espíritu Santo es un "Él" y un "quién". Él es la tercera persona de la Santísima Trinidad, aunque pueda parecer más misterioso que el Padre y el Hijo, es tan persona como ellos.

 

2) Es completamente Dios

Que el Espíritu Santo sea la "tercera persona de la Trinidad" no significa que sea inferior que el Padre o el Hijo. Las tres personas, incluyendo el Espíritu Santo, son totalmente Dios y “tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad”, como dice el Credo de Atanasio.

 

3) Siempre ha existido, incluso en los tiempos del Antiguo Testamento

Aunque aprendemos la mayoría de cosas sobre Dios-Espíritu Santo (así como de Dios-Hijo) en el Nuevo Testamento, Éste siempre ha existido. Dios existe eternamente en tres personas. Así que, cuando lea acerca de Dios en el Antiguo Testamento, recuerde que se trata de las tres personas de la Trinidad, entre ellos el Espíritu Santo.

 

4) En el Bautismo y la Confirmación se recibe el Espíritu Santo

El Espíritu Santo puede estar activo en el mundo de formas misteriosas y que no siempre se comprenden. Sin embargo, una persona recibe el Espíritu Santo de una manera especial por primera vez en el Bautismo (Hechos 2:38), y luego es fortalecido en sus dones en la Confirmación.

 

5) Los cristianos somos templos del Espíritu Santo

Los cristianos tenemos al Espíritu Santo que habita en nosotros de una manera especial, y por lo tanto, existen graves consecuencias morales, como explica San Pablo:

 

“Huyan de las relaciones sexuales prohibidas. Cualquier otro pecado que alguien cometa queda fuera de su cuerpo, pero el que tiene esas relaciones sexuales peca contra su propio cuerpo ¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que está en ustedes? Ya no se pertenecen a sí mismos. Ustedes han sido comprados a un precio muy alto; procuren, pues, que sus cuerpos sirvan a la gloria de Dios”. (1 Cor 6:18-20)

 

Hacer el bien y evitar el mal es vivir en la ascención

Foto: https://www.parroquias-manga.org
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Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,15-20).

 

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Juan Brahms (1833-1897), músico alemán de inmensa dulzura y profundidad, escribió: “Jamás me sentí abatido, jamás las penas me entristecieron. Las canciones más lindas se me ocurrieron cuando limpiaba las botas antes de amanecer”. Hay muchas maneras de ascender. Una, sobreponerse a las desventuras de la condición humana. Quien así lo hace, como el músico alemán, participa aun sin darse cuenta en el asombroso acontecimiento de la Ascensión.

 

Ascensión viene de ascender, que es subir de un sitio a otro más alto. Asciendo cuando subo, cuando voy hacia arriba, cuando remonto, y remontar es superar obstáculos o dificultades, y también subir una pendiente o sobrepasarla. Lo que pasa en el campo físico, geográfico, pasa también en el campo afectivo, espiritual. En todo ascenso corporal participa también el alma, y en todo ascenso del alma participa también el cuerpo. Entre ambos la relación es esencial y dinámica. Hacer el bien y evitar el mal es vivir la Ascensión.

 

Un vidente escribía en el silencio de la noche: “Sin irte te has marchado / de mí calladamente”. Sobrecogido por la inespacialidad e inefabilidad del misterio, el éxtasis no le permitió continuar su poema. Otro vidente fue más atrevido. “Aquí quedó sonando el aire puro / cuando te fuiste, cadencioso dejo / hay en las lejanías del espejo / y suena como un arpa todo el muro”. El que se va, el que asciende, sigue presente de otra manera, suave, amoroso, silencioso.

 

Jesús es Dios que nace, vive, muere y resucita como hombre verdadero. Y al resucitar, que es alcanzar la plenitud de la vida divina, de la cual procede, dice a sus discípulos: “me voy para volver” (Juan 14,28). El que se va, se mantiene volviendo. Y cada uno percibe al imperceptible en la medida en que cultiva su corazón. Quien vive esta presencia invisible se llama místico.

 

En la Ascensión, Jesús no se ausenta, cambia su forma de presencia. Para él, que ha vivido en el tiempo y el espacio de los hombres, ascender es comenzar a estar presente de modo invisible e intangible en todo tiempo y en todo lugar. La alegría que experimentaron los peregrinos de Emaús era plena garantía de esa presencia invisible, que los llevaba a preguntarse delirantes: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?” (Lucas 24, 32).

 

Dios es la altura, y quien cultiva la relación de amor con Él, participa de su vida divina, la Ascensión, el prodigio que pertenece a la trama de la vida cotidiana, consistente en hacer el bien y evitar el mal. P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

Los frutos de la santidad

Foto: https://livingnow.com.au
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Santo evangelio según san Juan (15,9-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.» Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Para dar fruto: nuestro Padre Dios nos creó para que demos frutos abundantes y duraderos, la parábola de la vid y los sarmientos quiere mostrar al discípulo la necesidad de estar unido a Jesús para poder dar frutos, pero requiere no sólo la unión sino permanecer en ella.

 

Un solo Espíritu

 

La unión con el Señor es posesión de su espíritu en el alma: quien se une al Señor se hace un solo espíritu con El. Dios vive y actúa en esa persona, de ahí que sus obras, sus acciones y frutos perduren, porque es Dios mismo el que los realiza: “Ni siquiera somos capaces de pensar que algo proceda de nosotros, sino que nuestra capacidad proviene de Dios” (2 Cor. 3,5)

 

Alcanzar la unión

 

Lo primero que hemos de alcanzar es la unión, un don que se puede recibir por gracia, es cierto, pero también se ha de colaborar  practicando las virtudes sólidas que nos ha enseñado santa Teresa de Jesús: Desasimiento, amor, humildad y determinación o como lo aclara de otra forma san Juan de la Cruz: la unión con Dios se alcanza en la soledad, pobreza, humildad, desnudez y pureza del alma que hace sólo y busca sólo el cumplimiento de la voluntad divina, una voluntad plenamente entregada a hacer sólo lo que Dios quiere.

 

Permanecer unidos a Jesús por medio del Espíritu

 

En segunda instancia se nos invita a permanecer, es decir, no unos días, una temporada sino cada instante de la existencia: dice, sobre esta palabra Santa Isabel de la Trinidad: “permaneced en mí, no ya solo unos instantes, una horas pasajeras, sino permaneced de un modo ininterrumpido, habitual, permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, antes de presentaros a cualquier persona o cosa, adentraos en mi por medio del recogimiento, en esa profundidad. Tal es la soledad en la que Dios quiere hablarnos al corazón”. Hemos de permanecer en el abismo de nuestro ser sobrecogido por la misericordia, en esa pequeñez, en ese amor hemos de estar, vivir, instaurados en la esencia divina.

 

En un amor así como el de Dios

 

No se nos dice que permanezcamos en nuestro amor, en nuestra manera interesada y limitada de amar, sino en esa ilimitada capacidad de misericordia que tiene Dios con cada criatura y que la ha revelado en su Hijo crucificado.  Permanecer  en esa manera de amar de Dios. Pensando en los demás como Dios, antes de crearnos, conservándonos en la existencia, redimiéndonos, dándonos su propio ser divino, la vida eterna. Dándose sin medida: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene en que Dios mandó a su hijo único para que vivamos por medio de El,  como propiciación de nuestros pecados. En ese amor hemos sido invitados a vivir, a permanecer.

 

Los frutos de la unión

 

El ejercicio de la oración de recogimiento y el olvido de sí nos prepara, como al apóstol Pedro, para estar llenos del Espíritu Santo y producir un fruto impensable para los judíos: que al predicar a los paganos, también ellos, recibieran la gracia del Espíritu que nos salva, la vida divina. En fin: todo apostolado evangelizador ha de brotar de esta unión con Dios, el trabajo primero es buscarla, alcanzarla y después salir a anunciar la victoria de nuestro Dios, su salvación.

Yo soy la vid

Foto: http://www.eldiaonline.com
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Primera Lectura: Hechos de los apóstoles (9,26-31):

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesaréa y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo. Palabra de Dios

 

Segunda Lectura: primera carta del apóstol san Juan (3,18-24)

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Palabra de Dios.

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.» Palabra del Señor

 

Reflexión

 

Estamos ya en el quinto domingo del tiempo pascual y nos encontramos con unos textos que nos actualizan el camino de la pascua, la unión con el Resucitado y esto lo vemos explícito en la liturgia de la palabra de este domingo. La primera lectura nos sitúa junto con Pablo en Jerusalén, pero esta escena tiene una novedad, ya no es -Saulo- él fariseo radical que perseguía a los cristianos, ahora es Pablo el que camino de Damasco se ha convertido y aunque los discípulos dudan Bernabé sale a dar fe de dicha conversión. Esta escena también aplica en nuestra vida, muchas veces no somos conscientes de las faltas, errores o palabras salidas de contexto que en el pasado dijimos, y hoy somos cuestionados o juzgados por esas acciones del ayer. Pero eso no nos debe desmotivar todos tenemos una segunda oportunidad y a eso fue lo que apelo Bernabé a crear en medio de esta comunidad la hermandad. El tener siempre una nueva oportunidad.

 

Así mismo, la segunda lectura nos hace una invitación a examinarnos en el AMOR desde la verdad de aquel que nos amó hasta el extremo. Tenemos plena confianza ante Dios; y cuanto pidamos lo recibiremos de Él. Tres palabras nos dan la muestran de ese amor sin límites seguros de que sus planes son mejores que los nuestros. Es una triada de seguridad. TENER, CONFIANZA Y PEDIR. Se proponen como sentido de pertenencia a un Dios que no se cansa ni descansa en brindarnos su vida misma.  Esta confianza nos pone en actitud de búsqueda como dice el salmista “así como la sierva busca corrientes de agua viva así mi alma te busca a ti Dios mío”. Sabiendo que el Señor Jesús permanece Con nosotros. Es el maestro el que nos invita a permanecer, a descansar, a estar con Él a través de la intimidad misma de la oración o del apostolado que realizamos y esta intimidad nos lleva a comprender el Evangelio de este Domingo, ya que nos actualiza esa bella imagen de la vid empleada en el Antiguo Testamento para significar al pueblo de Israel.  El Papa Juan Pablo II en la Audiencia del 10 de abril del 2002 nos hace una bella explicación del Salmo 80 en sus versículos 9 y siguientes. Donde nos presenta la imagen de la viña, evocando de nuevo las etapas principales de la historia judía: sus raíces, la experiencia del éxodo de Egipto y el ingreso en la tierra prometida. La viña había alcanzado su máxima extensión en toda la región palestina, y más allá, con el reino de Salomón. En efecto, se extendía desde los montes septentrionales del Líbano, con sus cedros, hasta el mar Mediterráneo y casi hasta el gran río Éufrates (cf. vv. 11-12); pero el esplendor de este florecimiento había pasado ya. El Salmo nos recuerda que sobre la viña de Dios se abatió la tempestad, es decir, que Israel sufrió una dura prueba, una cruel invasión que devastó la tierra prometida. Dios mismo derribó, como si fuera un invasor, la cerca que protegía la viña, permitiendo así que la saquearan los viandantes, representados por los jabalíes, animales considerados violentos e impuros, según las antiguas costumbres [1]. Ahora, al hablar de los sarmientos, se expresa la íntima amistad de Jesús y de quienes estamos unidos a Él, formando el pueblo santo de Dios, cuya cabeza es Cristo.  Esta amistad nos lleva a producir fruto. El cual no es sólo pertenecer a una comunidad, sino que debe llevar una coherencia de vida, que lleve a animar al creyente y nos capacite para dar frutos de vida eterna. “Siempre he visto en mi Dios harto mayores y más crecidas muestras de amor de lo que yo he sabido pedir ni desear”. Sta. Teresa de Jesús. 

En síntesis, hermanos, al dar una mirada sobre los textos de este domingo, dispongamos nuestros corazones para dejar que, en la intimidad divina, Dios siga actuando y siga haciendo de nosotros el pueblo escogido y le digamos, permanece señor en medio de nuestras familias, nuestras comunidades y hermanos que te necesitan con la convicción de que con Él daremos frutos siempre nuevos aun en medio de nuestras falencias humanas.

 

Sonsón, Antioquia 29 de abril del 2018.   

 

Soy yo, en persona

Santo evangelio según san Juan (20,19-31)

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»Palabra de Dios.

 

Reflexión

 

 

En la liturgia de este tercer  domingo de Pascua descubrimos que al que ama a Dios no le queda complicado “guardar” o cumplir sus mandamientos porque entiende que están hechos para el bien, para alcanzar la paz y la libertad. El que ama jamás se siente condicionado por quien le ama porque sabe que en la renuncia, en la apertura y en la entrega está la mayor felicidad. La manera que nosotros tenemos de “mostrar” al mundo el amor que tenemos a Dios es precisamente haciendo lo que Él nos pide y de manera muy especial lo que nos pide en su Hijo que es que “nos amemos los unos a los otros como Jesús nos ha amado”. Es desde el amor a Dios entonces que nosotros amamos con libertad, entendemos la realidad de los demás y los acogemos desde el corazón con misericordia y respeto.

 

Hombres y mujeres llenos de Dios, enamorados de Dios y dando testimonio de Él en el mundo a través del amor con el que aman y acogen a los demás, son las personas que Jesús necesita para que el anuncio continúe, la buena noticia se proclame y la invitación a la conversión para el perdón de los pecados se haga con mayor insistencia. La insistencia a salir, a dejar los miedos, a entender que Jesús sigue vivo y que el proyecto va adelante es importante. La comunidad tiene que configurarse con la certeza de la resurrección, tiene que llenarse de esperanza al saber que Jesús está con ellos y tiene que fortalecerse con el Espíritu Santo que reciben para la misión. Ya ha pasado el dolor, ahora nos toca mostrar al mundo que el Evangelio toca corazones, transforma vidas y que el amor que nace del encuentro con Jesús nos hace amantes y al mundo lo hace capaz de un cambio radical en el que la diferencia se vive en paz y se asume desde la experiencia de Dios que es bueno con todos, que a todos ama y que de todos espera los mejores frutos.

 

Al mundo le hace falta Dios, al mundo le hace falta amar desde Dios, al mundo le hace falta convertirse y tomar la decisión de vivir sin pecado. Por eso al mundo hay que predicarle el Evangelio, hay que enamorarlo de Dios, hay que llenarlo de esperanza y de fuerza y hay que hacerlo capaz, desde Jesús, de romper el espiral del odio, de la venganza, de la violencia. Al mundo le hace falta de nuevo encontrarse con Jesús, tocarlo, escucharlo; sentarse con Jesús, alimentarse de la Eucaristía y trabajar juntos por proyectos de vida y de resurrección es por todo esto que los cristianos no podemos seguir encerrados, con miedos o sintiendo que nada puede cambiar el mundo. Vamos adelante, salgamos que Jesús nos acompaña y sigue partiendo para nosotros el pan.

 

Con mi bendición,

 

P. Jaime Alberto Palacio González, O.C.D

 

No es un cuento, ni una historia bonita, en verdad...¡resucitó!

Santo evangelio según san Lucas (24,35-48)

Foto: http://www.archisevillasiempreadelante.org
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Santo evangelio según San Juan (20,1-9)

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:  «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

En este camino pascual, Dios nos va mostrando la belleza de la resurrección, Jesús quien padeció y murió en la cruz es el mismo que Dios Padre ha resucitado. Cada uno de nosotros sigue las huellas de Jesús y ansia en su corazón un encuentro íntimo con Él, para saber que después de sufrir y esforzarnos por la vida alcanzaremos la gloria con El. 

 

El relato nos presenta la figura de María Magdalena, mujer en la que nos podemos ver reflejados cada uno de nosotros, que siente en lo más hondo del corazón que el Señor lo llama y al no encontrarlo se angustia, realidad que es nuestra, segados por nuestros dolores y la rutina, por las dificultades personales y comunitarias no sabemos dónde está el Señor, olvidamos su llamada, la voz que encendió nuestro corazón para seguirlo, para hacer de nuestra vida una obra de Arte.

 

La resurrección nos fortalece y anima al saber que nuestro Dios no es de muertos sino de vivos y que con El todos tenemos la herencia eterna, este acontecimiento divino nos pone en la realidad de una experiencia de amor eterno, que está llamado a la donación, a la entrega definitiva y nos enseña que solo podemos resucitar cuando pasamos por la pasión y la muerte.

 

Muchos hermanos nuestros quieren vivir una espiritualidad liviana, donde el sufrimiento y dolor no estén presenten en la glorificación que Dios nos tiene preparada, quieren vivir siempre en “las nubes” que todo sea angelical; sin embargo, esa no es la realidad del cristiano, pues siguiendo las huellas de Cristo sabemos que asumimos los dolores de Cristo, pero no como carga sino como unidad con El. Al unirnos nos volvemos Uno y también nos vincula a su Amor eterno. La Resurrección nos diviniza permitiéndonos ser su imagen y proyectando su Ser a todos quienes nos rodean y así la salvación se hace real y posible para todos porque no se reserva nada, pues nosotros con la nueva vida somos portadores de amor y belleza infinitas e inagotables.

 

Pidámosle al Señor en este día Domingo de Resurrección que nos acompañe siempre, que nos transformemos en El para que nunca más nos angustiemos por no saber dónde estás.

 

Feliz Semana.

Fray César Aristizabal OCD.            

 

Un repaso a nuestra doctrina

Foto: http://libreriasanbernardo.cl/
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Segunda parte: la celebración del misterio cristiano

 

4

 

El orden Sacerdotal

 

En virtud del Bautismo y de la Confirmación, todos los fieles participan del sacerdocio del Jesucristo. Pero los que reciben el sacramento del Orden tiene, además, el sacerdocio ministerial o jerárquico, que se diferencia del sacerdocio común de los fieles "esencialmente y no sólo en grado" (Lumen Gentium, 10).

 

Este sacramento del Orden consagra al que lo recibe, configurándolo de modo particular con Jesucristo y capacitándolo para actuar en la misma persona de Cristo para el bien de todo el pueblo de Dios.

 

¿Qué es el Orden sacerdotal?

Es el sacramento por el que algunos fieles son constituidos ministros sagrados, siendo cooperadores del Obispo con quien forman un presbiterio.

 

¿Por qué este sacramento se llama Orden?

Porque comprende varios grados subordinados entre sí.

 

¿Cuáles son las funciones principales de los sacerdotes?

Las funciones principales de los sacerdotes son: Celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, perdonar los pecados en la Confesión, administrar los demás sacramentos, predicar la Palabra de Dios y dirigir a los fieles en las cosas que se refieren a Dios.

 

¿Son necesarios los sacerdotes?

Los sacerdotes son necesarios e insustituibles, pues sin ellos no existiría la Iglesia tal como la fundó Jesucristo. Por eso todos los cristianos debemos colaborar en el fomento y formación de las vocaciones sacerdotales.

 

3

La reconciliación

 

Los cristianos estamos llamados a la santidad; para ello hay que vivir en gracia de Dios; pero podemos perder la gracia bautismal por el pecado mortal, que mata la vida sobrenatural del alma y rompe la amistad y la comunión con Dios. El pecado, como explica el Papa Juan Pablo II, es un acto suicida, porque, ante todo, el hombre se daña a sí mismo, destruyendo toda obra buena. El Señor Jesús ha instituido el sacramento de la penitencia, que se llama también y muy adecuadamente "Sacramento de la Reconciliación" o Confesión, para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo y abrirnos así la puerta a la reconciliación con Dios.

 

Jesucristo, por ser Dios, tiene poder para perdonar los pecados, y dio este poder a los Apóstoles y sus sucesores en el sacerdocio, quienes actúan "en la persona de Cristo"; o sea que, de hecho, es el mismo Jesucristo el que perdona por el misterio del sacerdote.

 

¿Qué es el sacramento de la reconciliación?

Es el sacramento instituido por Jesucristo para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo.

 

¿Qué es necesario para hacer una buena confesión?

Para hacer una buena confesión es necesario:

 

Examen de conciencia.

Dolor de los pecados.

Propósito de enmienda.

Decir los pecados al confesor.

Cumplir la penitencia.

 

¿Qué es el examen de conciencia?

Es recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

 

¿Qué es el dolor de los pecados?

Es un sentimiento o pena interior de haber ofendido a Dios.

 

¿Qué es propósito de la enmienda?

El propósito de la enmienda es una firme resolución de no volver a pecar y de evitar todo lo que pueda ser ocasión de cometer pecados.

 

¿Qué pecados debemos confesar?

Debemos confesar todos los pecados mortales no confesados anteriormente, con su número y circunstancias. Conviene decir también los pecados veniales.

 

¿Qué pecado comete el que calla por vergüenza la confesión de algún pecado mortal?

El que calla por vergüenza la confesión de algún pecado mortal comete un grave pecado llamado sacrilegio, y no se le perdonan los otros pecados confesados.

 

¿Qué ocurre si se olvida la confesión de un pecado mortal?

Si se olvida la confesión de un pecado mortal, la confesión vale, pero el pecado olvidado debe manifestarse en la próxima confesión.

 

¿Qué es cumplir la penitencia?

Cumplir la penitencia es rezar las oraciones y hacer las buenas obras que manda el confesor.

 

¿Qué es el secreto de confesión?

El secreto de confesión es el silencio absoluto que el sacerdote está obligado a guardar sobre los pecados escuchados en la confesión.

 

El Orden Sacerdotal

 

En virtud del Bautismo y de la Confirmación, todos los fieles participan del sacerdocio del Jesucristo. Pero los que reciben el sacramento del Orden tiene, además, el sacerdocio ministerial o jerárquico, que se diferencia del sacerdocio común de los fieles "esencialmente y no sólo en grado" (Lumen Gentium, 10). Este sacramento del Orden consagra al que lo recibe, configurándolo de modo particular con Jesucristo y capacitándolo para actuar en la misma persona de Cristo para el bien de todo el pueblo de Dios.

 

¿Qué es el Orden sacerdotal?

Es el sacramento por el que algunos fieles son constituidos ministros sagrados, siendo cooperadores del Obispo con quien forman un presbiterio.

 

¿Por qué este sacramento se llama Orden?

Porque comprende varios grados subordinados entre sí.

 

¿Cuáles son las funciones principales de los sacerdotes?

Las funciones principales de los sacerdotes son: Celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, perdonar los pecados en la Confesión, administrar los demás sacramentos, predicar la Palabra de Dios y dirigir a los fieles en las cosas que se refieren a Dios.

 

¿Son necesarios los sacerdotes?

Los sacerdotes son necesarios e insustituibles, pues sin ellos no existiría la Iglesia tal como la fundó Jesucristo. Por eso todos los cristianos debemos colaborar en el fomento y formación de las vocaciones sacerdotales.

 

 2

 

La Confirmación

 

El sacramento de la Confirmación perfecciona la gracia bautismal, y nos da la fortaleza de Dios para ser firmes en la fe y en el amor a Dios y al prójimo. Nos da también audacia para cumplir el derecho y el deber, que tenemos por el bautismo, de ser apóstoles de Jesús, para difundir la fe y el Evangelio, personalmente o asociados, mediante la palabra y el buen ejemplo.

 

¿Qué es la confirmación?

Es el sacramento que perfecciona la gracia bautismal fortaleciéndonos en la fe y haciéndonos soldados y apóstoles de Cristo.

 

¿Cuándo se debe recibir la confirmación?

Se debe recibir la confirmación cuando se ha llegado al uso de razón, o antes, si hay peligro de muerte.

 

¿Cómo se debe recibir la confirmación?

Se debe recibir la confirmación en estado de gracia y con la preparación conveniente.

 

¿Quién puede confirmar?

Puede confirmar el obispo, y en algunos casos especiales los sacerdotes delegado por el obispo.

 

La Santa Misa

 

Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que perpetuase el sacrificio de su muerte en la cruz. Por esto, antes de comenzar su pasión, reunido con sus apóstoles en la última cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía, convirtiendo pan y vino en su mismo cuerpo vivo, y se lo dio a comer; hizo participes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.

 

Así la Santa Misa es la renovación del sacrificio reconciliador del Señor Jesús. Además de ser una obligación grave asistir a la Santa Misa los domingos y feriados religiosos de precepto -a menos que se esté impedido por una causa grave-, es también un acto de amor que debe brotar naturalmente de cada cristiano, como respuesta agradecida ante el inmenso don que significa que Dios se haga presente en la Eucaristía.

 

¿Qué es la Eucaristía?

Es el sacramento del cuerpo y la sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino. Por medio de la consagración, el sacerdote convierte realmente en su cuerpo y sangre el pan y vino ofrecido en el altar.

 

¿Qué es la Santa Misa?

Es la renovación sacramental del sacrificio de la cruz.

 

¿La Santa Misa es el mismo sacrificio de la Cruz?

Si, la Santa Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, pero sin derramamiento de sangre, pues ahora Jesucristo se encuentra en estado glorioso.

 

¿Quién puede celebrar la Santa Misa?

 

Solamente los sacerdotes pueden celebrar la Santa Misa, pues solo ellos pueden actuar personificando a Cristo, cabeza de la Iglesia.

 

¿Cuáles son los fines por los que se ofrece la Santa Misa?

Los fines por los que se ofrece la Santa Misa son cuatro: adorar a Dios, agradecerles sus beneficios con pedirle dones y gracias, y satisfacer por nuestros pecados.

 

La Santa Comunión

 

La Eucaristía es también banquete sagrado, en el que recibimos a Jesucristo como alimento de nuestras almas. La Comunión es recibir a Jesucristo sacramentado en la Eucaristía; de manera que, al comulgar, entra en nosotros mismos Jesucristo vivo, verdadero Dios y verdadero hombre, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. La Eucaristía es la fuente y cumbre de la vida de la iglesia, y también lo es de nuestra vida en Dios. La Iglesia manda comulgar al menos una vez al año, en estado de gracia; recomienda vivamente la comunión frecuente y, si es posible, siempre que se asista a la Santa Misa, para que la participación en al sacrificio de Jesús sea completa. Es muy importante recibir la Primera Comunión cuando se llega al uso de razón, con la debida preparación.

 

¿Qué es la Santa Comunión?

La Sagrada Comunión es recibir al mismo Jesucristo presente en la Eucaristía.

 

¿De qué modo está presente Jesucristo en la Eucaristía?

Jesucristo está en la Eucaristía verdadera, real y sustancialmente presente, todo entero, vivo y glorioso, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, bajo cada una de especies y bajo cualquier parte de ellas.

 

¿La Hostia consagrada es una "cosa"?

No, la Hostia consagrada no es una "cosa", aunque lo parezca; es una Persona Divina, es Jesús vivo y verdadero.

 

¿Quién puede comulgar?

Puede comulgar el que está gracia de Dios, guarda el ayuno eucarístico y sabe a quién va a recibir.

 

¿En qué consiste el ayuno eucarístico?

Consiste en abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción del agua y de las medicinas. Los enfermos y sus asistentes pueden comulgar aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior.

 

¿Cuándo se debe recibir la primera comunión?

Se debe recibir cuando se comienza a tener uso de razón, lo cual se supone a partir de los siete años; habiendo recibido previamente la preparación oportuna y el sacramento de la penitencia.

 

¿Qué pecado comete el que comulga en pecado mortal?

El que comulga en pecado mortal comete un grave pecado llamado sacrilegio.

 

¿Qué debe hacer el que desea comulgar y se encuentra en pecado mortal?

El que desea comulgar y se encuentra en pecado mortal no puede recibir la Comunión sin haber acudido antes al sacramento de la Penitencia, pues para comulgar no basta el acto de contrición.

 

 

1

 

 

 Los Sacramentos de la Iglesia

 

Jesucristo, en su amor infinito a los hombres, instituyó los siete sacramentos, por medio de los cuales llegan hasta nosotros los bienes de la redención. Los Sacramentos son eficaces en sí mismos, porque en ellos actúa directamente Cristo. En cuanto signos externos también tiene una finalidad pedagógica: alimenta, fortalecen y expresan la fe. Cuanto mejor es la disposición de la persona que recibe los sacramentos, más abundantes son los frutos de la gracia.

 

¿Qué son los sacramentos?

Son signos eficaces de la gracia, instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia, por los cuales no es dispensada la vida divina.

 

¿Cuántos y cuáles son los sacramentos?

Los sacramentos son siete, a saber: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal, y Matrimonio.

 

¿Qué es el carácter sacramental?

El carácter sacramental es un sello espiritual que configura con Cristo al que lo recibe. Por ello, se trata de un sello indeleble, es decir, permanente y, por tanto, el cristiano los recibe una sola vez en la vida.

 

¿Cuáles son los sacramentos que imprimen carácter?

 

Son: Bautismo, Confirmación y orden Sacerdotal.

 

 

El Bautismo

 

Nuestros padres nos dieron la vida natural del cuerpo, pero Dios nos da el alma y nos destina, además, a una vida sobrenatural; nacemos privados de ella por el pecado original, heredado de Adán. El bautismo borra el pecado original, nos da la fe y la vida divina, y nos hace hijos de Dios. La Santísima Trinidad toma posesión del alma y comienza a santificarnos. Según el plan de amor del Señor, el bautismo es necesario para la salvación.

 

¿Qué es el bautismo?

Es el sacramento por el que renacemos a la vida divina y somos hechos hijos de Dios.

 

¿Por qué el bautismo es el primero de los sacramentos?

Es el primero de los sacramentos porque es la puerta que abre el acceso a los demás sacramentos, y sin él no se puede recibir ningún otro.

 

¿Qué efectos produce el bautismo?

Los efectos que produce el bautismo son: perdona el pecado original, y cualquier otro pecado, con las penas debidas por ellas. Se nos dan las tres divinas personas junto con la gracia santificante. Infunde la gracia santificante, las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo. Imprime en el alma el carácter sacramental que nos hace cristianos para siempre. Nos incorpora a la Iglesia.

 

¿El bautismo es necesario para la salvación?

Según el plan del Señor, el bautismo es necesario para la salvación, como lo es la Iglesia misma, a la que introduce el bautismo.

 

¿Quién puede bautizar?

Ordinariamente puede bautizar el obispo, el sacerdote y el Diácono, pero en caso de necesidad puede hacerlo cualquier persona que tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia.

 

¿Cómo se bautiza?

Se bautiza derramando agua sobre la cabeza y diciendo: "Yo te Bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

 

¿Qué es el Catecumenado?

Es la preparación que deben recibir aquellos que van a bautizarse habiendo alcanzado el uso de la razón.

 

 

Primera parte: la obra de la reconciliación

 

6

 

La resurrección de la carne

 

Como consecuencia del pecado original, nuestra vida en la tierra termina con la muerte. Adán pecó y entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte.

 

Pero no todo termina con la muerte. El alma, que es inmortal, se separa del cuerpo, pero sigue viviendo y recibe de Dios el premio o castigo merecido por sus obras hechas durante su vida terrena. Al fin del mundo resucitarán nuestros propios cuerpos y se unirán a sus almas. Entonces nuestro Señor Jesucristo vendrá con gloria y majestad a juzgar a todos los hombres, unidas ya las almas a sus propios cuerpos, para nunca más morir.

 

¿Qué es la muerte?

La muerte es la separación del alma y del cuerpo.

 

¿Qué quiere decir resurrección de la carne?

Resurrección de la carne quiere decir que, como Cristo resucitó, así también nosotros resucitaremos al fin del mundo, volviendo a unirse nuestras almas con nuestros propios cuerpos, para nunca más morir.

 

¿Para qué resucitará nuestro cuerpo?

Nuestro cuerpo resucitará para ser juzgado juntamente con nuestra alma y recibir el premio o castigo eterno según hayan sido las obras que hiciera el hombre con su cuerpo y su alma.

 

La vida eterna

 

En la hora de la muerte, los que están totalmente limpios de pecado van al cielo para siempre. Los que mueren en gracia de Dios, pero con alguna mancha de pecado o deuda por los pecados perdonados, antes van al Purgatorio para purificarse totalmente.

 

Los que mueren en pecado mortal, y por tanto separados de Dios, van al infierno, donde serán castigados eternamente por haber rechazo a Dios.

 

¿Qué es el juicio particular?

El juicio particular es el que Dios hace al hombre, inmediatamente después de su muerte, para darle premio o castigo según sus obras.

 

¿En qué consiste el Cielo?

El cielo consiste en ver, amar y poseer definitivamente a Dios, gozando de su infinito bien y, con El, de todos los demás bienes sin mezcla de mal alguno.

 

¿Quiénes van al cielo?

Van al cielo los que mueren en gracia de Dios.

 

¿A que llama la Iglesia Purgatorio?

La iglesia llama purgatorio a la purificación de los que mueren en gracia de Dios, sin haber satisfecho por sus pecados; con un castigo distinto al de los condenados, se prepara para entrar en el cielo.

 

¿Cómo podemos ayudar a las almas del purgatorio?

Podemos ayudar a las almas del purgatorio con oraciones, buenas obras, indulgencias, y especialmente con la Santa Misa.

 

¿Qué es el Infierno?

El Infierno es la privación definitiva de Dios y la condenación por el fuego eterno con el sufrimiento de todo mal sin mezcla de bien alguno, porque no hay amor, sino soledad externa.

 

¿Quiénes van al Infierno?

'Van al infierno los que mueren en pecado mortal, porque rechazaron la gracia de Dios.

 

¿Qué es el juicio universal?

El juicio universal es el juicio público que Jesucristo hará de todos los hombres al fin del mundo.

5

El perdón de los pecados

 

Ya en el Antiguo Testamento invitó Dios a los hombres a la conversión de los pecados y les ofreció su misericordia. En el Evangelio se nos repite este llamado a la conversión y a la penitencia con más fuerza, Jesucristo es el que se ofreció en sacrificio por nuestros pecados; no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1Jn 2,2). Jesucristo dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder de perdonar los pecados por el Bautismo y la Confesión.

 

¿Existe el perdón de los pecados?

Si, existe el perdón de los pecados porque Jesucristo dio a los Apóstoles el poder de perdonarlos para reconciliar al hombre con Dios y con los hermanos.

 

¿Cuáles fueron las palabras del Señor al conceder a los Apóstoles la potestad de perdonar los pecados?

Las palabras de Cristo al conceder a los Apóstoles la potestad de perdonar los pecados fueron: "Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; pero a quienes no se los perdonen, no les quedarán perdonados".

 

¿Cómo cumplieron los Apóstoles el encargo de perdonar los pecados?

Los Apóstoles cumplieron el encargo de perdonar los pecados impartiendo el sacramento del Bautismo a los no cristianos y el sacramento de la Penitencia a los fieles que pecan después del Bautismo.

 

La resurrección de la carne

 

Como consecuencia del pecado original, nuestra vida en la tierra termina con la muerte. Adán pecó y entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte.

 

Pero no todo termina con la muerte. El alma, que es inmortal, se separa del cuerpo, pero sigue viviendo y recibe de Dios el premio o castigo merecido por sus obras hechas durante su vida terrena. Al fin del mundo resucitarán nuestros propios cuerpos y se unirán a sus almas. Entonces nuestro Señor Jesucristo vendrá con gloria y majestad a juzgar a todos los hombres, unidas ya las almas a sus propios cuerpos, para nunca más morir.

 

¿Qué es la muerte?

La muerte es la separación del alma y del cuerpo.

 

¿Qué quiere decir resurrección de la carne?

Resurrección de la carne quiere decir que, como Cristo resucitó, así también nosotros resucitaremos al fin del mundo, volviendo a unirse nuestras almas con nuestros propios cuerpos, para nunca más morir.

 

¿Para qué resucitará nuestro cuerpo?

Nuestro cuerpo resucitará para ser juzgado juntamente con nuestra alma y recibir el premio o castigo eterno según hayan sido las obras que hiciera el hombre con su cuerpo y su alma.

 

La comunión de los Santos

 

Comunión quiere decir "común unión"; y Comunión de los Santos quiere decir unión común con Jesucristo de todos los santos del cielo, de las almas del purgatorio y de los fieles que aún peregrinamos en la tierra. Es la unión de todos los santos con la Cabeza de la Iglesia, que es Jesucristo, y de todos los santos entre sí. Los del cielo interceden por los demás; los de la tierra honran a los del cielo y se encomiendan a su intercesión, también oran y ofrecen sufragios por los difuntos del purgatorio, y estos también interceden a favor nuestro.

 

 ¿Qué es la comunión de los santos?

La comunión de los santos es la unión común que hay entre Jesucristo, Cabeza de la Iglesia, y sus miembros, y de éstos entre sí.

 

¿Quiénes son los miembros de la Iglesia?

Los miembros de la Iglesia son los santos del cielo, las almas del purgatorio y los fieles de la tierra.

 

Los que no están en gracia de Dios, ¿participan de la Comunión de los Santos?

Los que no están en gracia de Dios participan de la Comunión de los santos solamente en cuanto pueden alcanzar algunos beneficios del Señor y, sobre todo, la gracia de la conversión. 

 

 

4

María, Madre de la Iglesia

 

El Papa Pablo VI, dirigiéndose a los padres conciliares del Vaticano II, declaró que María Santísima es Madre de la Iglesia. La Virgen María es la Madre de todos los hombres y especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación. Jesús mismo lo confirmó desde la Cruz antes de morir, dándonos a su Madre por madre nuestra en la persona de San Juan, y el discípulo la acogió como Madre; nosotros hemos de tener la misma actitud que el Discípulo Amado. Por eso, la piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano. Vamos cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: "Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones" (Lc 1,48).

 

¿Por qué María es Madre de la Iglesia?

María es Madre de la Iglesia porque, al ser Madre de Cristo, es también madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia, que forman con Cristo un solo Cuerpo Místico.

 

¿Por qué llamamos a María Mediadora y Cooperadora de la Redención?

Llamamos a María Mediadora y Cooperadora de la Redención porque, con su caridad maternal y su colaboración en el Sacrificio de Cristo, participó en nuestra reconciliación, que aplica a los hermanos de su Hijo todavía peregrinos con su constante y amorosa intercesión.

 

¿Qué culto tributa la Iglesia a la Santísima Virgen?

La Iglesia tributa a la Virgen un culto singular que empezó pronto en la Iglesia y que durará siempre, según las palabras proféticas de María: "Me llamarán bienaventurada todas las generaciones". Ese amor que los fieles tributan a María como Madre, procurando amarla como la ama el Señor Jesús, es lo que conocemos como Piedad Filial.

 

3

El Espíritu Santo

 

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo. Jesucristo prometió a los apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo, el cual les recordaría y les ayudaría a entender todo lo que Él le había dicho. El día de Pentecostés, estaban todos los Apóstoles reunidos en un mismo lugar, y de repente se produjo un ruido del cielo, como de un viento impetuoso que llenó toda la casa donde residían. Aparecieron lenguas de fuego como divididas que se posaron sobre cada uno de ellos. La acción del Espíritu Santo en los Apóstoles los hizo fuertes, audaces y santos para anunciar el Evangelio con fidelidad a todo el mundo.

 

La Iglesia quedó constituida en templo del Espíritu Santo; Él la santifica y hace que los bautizados se unan a la Santísima Trinidad.

 

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo, quienes lo enviaron al mundo para vivificar y santificar a los hombres.

 

¿Cuándo envió Jesús el Espíritu Santo a su Iglesia?

Jesús envió el Espíritu Santo su Iglesia el día de Pentecostés, en forma de lenguas de fuego, sobre los Apóstoles y María Santísima.

 

¿Qué indicaban las lenguas de fuego?

Las lenguas de fuego indicaban que el Espíritu Santo venía a santificarnos por medio de la luz de la verdad y el calor del amor.

 

¿Cómo nos santifica el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo nos santifica por medio de la gracia, de las virtudes y de sus dones.

 

¿Qué son los dones del Espíritu Santo?

Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes, infundidas por Dios, que hacen al hombre dócil, para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

 

¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo?

 

Los dones del Espíritu Santo son: Sabiduría, entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.

 

La Iglesia Católica

 

El Señor Jesús instituyó su única Iglesia Católica para continuar la redención y reconciliación de los hombres hasta el fin del mundo. Dio a sus Apóstoles sus poderes divinos para predicar el Evangelio, santificar a los hombres y gobernarlos en orden a la salvación eterna. Por eso, la Iglesia Católica es la única verdadera fundada por Jesucristo sobre San Pedro y los Apóstoles; y todos los hombres estamos llamados a ser el Pueblo de Dios guiado por el Papa, que es el sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo en la tierra.

 

La Iglesia Católica es también el Cuerpo Místico de Cristo, porque, como en un cuerpo humano, Cristo es la Cabeza, los bautizados somos los miembros de este cuerpo y el Espíritu Santo es el alma que nos une con su gracia y nos santifica. Por esto la Iglesia es también Templo del Espíritu Santo. En su aspecto visible la Iglesia está formada por los bautizados que profesan la misma fe en Jesucristo, tienen los mismos sacramentos y mandamientos, y aceptan la autoridad establecida por el Señor, que es el Papa.

 

Estos fieles, por el Bautismo, se hacen partícipes de la función sacerdotal, profética y real de Cristo.

 

¿Quién fundó la Iglesia?

La Iglesia fue fundada por nuestro Señor Jesucristo.

 

¿Cómo empezó Jesús la fundación de la Iglesia?

Jesús empezó la fundación de la Iglesia con la predicación del Reino de Dios, llamando de entre los discípulos que le seguían a los doce Apóstoles, y nombrando a Pedro Jefe de todos ellos.

 

¿Se puede reconocer hoy a la verdadera Iglesia?

Si, hoy se puede reconocer a la verdadera Iglesia viendo si tiene por Fundador a Jesucristo, si participa de los siete sacramentos, si ama a la Santísima Virgen María y si obedece al Papa. Si le falta algo de esto, no es la verdadera Iglesia.

 

¿Cuál es la misión de la Iglesia?

La misión de la Iglesia es la misma de nuestro Señor Jesucristo: llevar a cabo el plan de salvación de Dios sobre los hombres.

 

¿Qué poderes ha dado Jesús a la Iglesia para cumplir esta misión?

Para cumplir esta misión, Jesús ha dado a la Iglesia los poderes de enseñar su doctrina a todas las gentes, santificarlas con su gracia y guiarlas con autoridad.

 

¿Cuáles son las propiedades y notas que Cristo confirió a su Iglesia?

Las propiedades y notas que Cristo confirió a su Iglesia son cuatro: que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

 

¿Quiénes son los fieles cristianos?

Los fieles cristianos son los que, incorporados a Cristo por el Bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y son hechos partícipes a su modo de la función sacerdotal, profética y real de Cristo para desempeñar la misión de la Iglesia en el mundo.

 

¿Están todos los fieles llamados a la santidad y al apostolado?

Sí, todos los fieles están llamados a la santidad y al apostolado, sea cual fuere su condición, por el mismo hecho de haber recibido el Bautismo y la Confirmación.

 

¿Quién es el Pastor supremo y Cabeza invisible de la Iglesia?

El pastor supremo y Cabeza invisible de la Iglesia es Jesucristo.

 

¿Quién es el Papa?

El papa es el sucesor de San Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra y la Cabeza visible de la Iglesia.

 

¿Puede el Papa equivocarse en materia de fe y costumbres?

No, el Papa no puede equivocarse cuando define doctrina en materia de fe y costumbres, como maestro supremo de toda la Iglesia, gracias a una especial asistencia del Espíritu Santo.

 

¿Qué debemos hacer los fieles cuando el Papa y los obispos proponen una enseñanza mediante su magisterio ordinario?

Cuando el Papa y los obispos proponen una enseñanza mediante su magisterio ordinario, los fieles deben adherirse a ella con espíritu de obediencia religiosa.

 

¿Quiénes son los obispos?

Los Obispos son los sucesores de los Apóstoles, que han recibido la plenitud del sacerdocio y tienen la misión de regir sus diócesis unidos al Papa.

 

¿Quiénes son los sacerdotes?

Los Sacerdotes o presbíteros son aquellos fieles que, por la ordenación sacerdotal, participan sacramentalmente del Sacerdocio de Cristo, siendo constituidos cooperadores de los obispos para predicar el Evangelio, administrar los sacramentos y llevar a Dios a los fieles que se les encomiendan.

 

¿Quiénes son los laicos?

Los laicos son aquellos fieles que, por vocación divina, están destinados a buscar el Reino de Dios, tratando y ordenando las cosas temporales según el querer de Dios.

 

¿Participan los laicos de las funciones de Cristo?

Si, los laicos participan de las funciones de Cristo, que es Sacerdote, Profeta y Rey.

 

¿Dónde han de buscar la santidad y ejercer el apostolado los laicos?

Los laicos han de buscar la santidad y ejercer el apostolado en medio del mundo, en su misma vida secular ordinaria: en el ejercicio de su trabajo y en la familia.

 

¿Quién da a los laicos el derecho y el deber de hacer apostolado?

Dios mismo, por el Bautismo y la Confirmación, da a los laicos el derecho y el deber de hacer apostolado y santificar el mundo, tanto individualmente como agrupados en asociaciones.

 

¿Pueden los laicos ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio eclesial?

Los Laicos pueden ser llamados a colaborar con sus pastores en ministerios muy diversos, según la gracia y el carisma que el Señor quiera concederles, pero teniendo en cuenta que su misión propia en la Iglesia es la transformación del orden temporal como parte de lo que conocemos como "Evangelización de la Cultura".

 

¿Qué se entiende por vida consagrada?

Por vida consagrada se entiende aquella forma de vida que se caracteriza por la consagración de la propia vida por la profesión de compromisos -usualmente llamados "consejos evangélicos"- de pobreza, castidad y obediencia, en una vida en común estable y célibe reconocida por la Iglesia.

 

¿Quiénes pertenecen al estado de vida consagrada?

Pertenecen al estado de vida consagrada los religiosos, los miembros de los institutos seculares, y las nuevas sociedades de vida en común, cuya evolución en la vida de la Iglesia se parece a un árbol maravilloso y lleno de ramas, a partir de una semilla puesta por Dios en su Iglesia.

 

2

 

La misión del Señor Jesús

 

Los cuatro Evangelios nos cuentan la vida del Señor Jesús, que todo cristiano debe conocer. En resumen, la vida de Jesús fue de esta manera: Jesús nació en Belén y fue puesto en un pesebre, envuelto en pañales; allí fueron a adorarlo los pastores, y los ángeles cantaron: "Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". Después fueron a adorarlo los Magos de Oriente. El rey Herodes quiso matar al Niño, y San José y la Virgen huyeron con Él a Egipto. Más tarde regresaron a Nazaret en donde Jesús creció y trabajó como artesano en el taller de José, dándonos ejemplo de santificar la vida de familia y el trabajo que debe ser bien hecho y grato a Dios. Después, durante tres años, predicó su doctrina, la que nos enseñó de parte del Padre Celestial, y pasó haciendo el bien, con muchos milagros, demostrando que era Dios y que venía a salvarnos. Porque nos amó, instituyó la Sagrada Eucaristía e hizo sacerdotes a los Apóstoles, y luego comenzó su Pasión dolorosa hasta morir clavado en la Cruz; así nos redimió o sea, pagó al Padre celestial con el precio de su sangre y de su vida, por todos los pecados de Adán y Eva y de sus descendientes, que somos todos los hombres y mujeres del mundo. Muerto Jesús, fue puesto en un sepulcro, pero al tercer día resucitó y se apareció vivo y glorioso a las santas mujeres y a los Apóstoles; a los cuarenta días subió al Cielo, prometiendo que les enviaría al Espíritu Santo.

 

 ¿Dónde nació Jesús?

Jesús nació en Belén.

 

¿Por qué los Pastores de Belén y los Magos de Oriente fueron a adorar al Niño Jesús?

Los Pastores de Belén y los Magos de Oriente fueron a rendir homenaje al Niño Jesús porque sabían que era el Salvador que había sido prometido.

 

 ¿Por qué Herodes quiso matar al Niño Jesús?

Herodes, que era muy malo, quiso matar al Niño Jesús porque temía que le quitara el reino.

 

 ¿Quién avisó a San José de que Herodes quería matar al Niño Jesús?

Avisó a San José un ángel que le dijo en sueños: Levántate, coge al Niño y a su Madre, y huye a Egipto, y estáte allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo.

 

¿Adónde fue la Sagrada Familia cuando regresó de Egipto?

Cuando regresó de Egipto la Sagrada Familia fue a vivir a Nazaret.

 

¿Qué hacía en Nazaret?

En Nazaret Jesús crecía y obedecía a su Madre y a San José, y los tres nos dieron ejemplo de amarse y de trabajar bien para el Padre celestial.

 

 ¿Qué valor tenía la vida ordinaria y sencilla de Jesús?

La vida ordinaria y sencilla de Jesús tenía un valor redentor y, además, era un ejemplo para todos nosotros, que tenemos que santificarnos por medio del trabajo.

 

 ¿A qué edad comenzó Jesús su predicación y milagros?

Jesús comenzó su predicación y milagros sobre los treinta años de edad.

 

 ¿En qué consistió la predicación de Jesús?

La predicación del Señor Jesús, hecha de obras y palabras, consistió en establecer el Reino de Dios, que es la Iglesia; EN DAR A CONOCER LA VIDA DE Dios y nuestra filiación divina, junto con su santa Ley.

 

 ¿Qué son los milagros?

Los milagros son hechos que no se pueden explicarse por las leyes naturales, sino solamente por el poder de Dios.

 

 ¿Para que el Señor Jesús hizo milagros?

Jesús hizo milagros para demostrar su amor a los hombres, para confirmar su doctrina y para mostrarse como Dios y como el Mesías prometido.

 

 ¿Cómo nos reconcilió el Señor?

El Señor Jesús nos reconcilió cumpliendo el plan de Dios hasta morir en la Cruz y resucitar gloriosamente.

 

 ¿Para qué nos reconcilió Jesús?

El Señor Jesús nos reconcilió para librarnos de nuestros pecados y obtenernos el perdón y la amistad con Dios.

 

 ¿Por quienes padeció y murió Jesús?

Jesús padeció y murió por todos los hombres.

 

¿Cuándo resucitó Jesucristo?

Jesucristo resucitó del sepulcro al tercer día de estar muerto.

 

¿Cómo resucitó el Señor?

Jesucristo resucitó uniendo de nuevo su alma al cuerpo y saliendo vivo y glorioso del sepulcro.

 

 ¿Quiénes fueron los primeros en ver a Jesús resucitado?

Los primeros que vieron a Jesús resucitado fueron las santas mujeres, que fueron de madrugada al sepulcro, lo encontraron vacío, unos ángeles les dijeron que había resucitado, y después el mismo Jesús se les apareció glorioso.

 

 ¿Vieron los Apóstoles a Jesús resucitado?

Sí, los Apóstoles vieron a Jesús resucitado; primero se apareció a San Pedro, y después a todos los Apóstoles en varias ocasiones, y una vez, a más de quinientas personas juntas; vieron sus llagas gloriosas e incluso llegaron a comer con El.

 

 ¿Qué día resucitó el Señor?

El Señor Jesús resucitó en el amanecer del domingo, y por eso la Iglesia santifica el domingo - día del Señor- con el precepto del descanso dominical y la obligación de asistir a la Santa Misa.

 

¿Cuánto tiempo permaneció en la tierra Jesús resucitado?

Jesús resucitado permaneció en la tierra durante cuarenta días, para estar con los Apóstoles, que eran los cimientos de la Iglesia Católica fundada por Él.

 

 ¿Cuándo subió Jesús a los cielos?

Jesús subió a los cielos a los cuarenta días de resucitado, después de instruir a sus discípulos sobre la Iglesia.

 

¿Por qué demoró Jesús cuarenta días para ir al cielo?

El Señor Jesús demoró cuarenta días, porque quiso instruir a sus Apóstoles para que fueran testigos de su Resurrección, los encargados de enseñar a todas las gentes y de gobernar su Iglesia.

 

 ¿Qué les dio el Señor Jesús a sus Apóstoles para cumplir esta misión?

Jesús dio a sus Apóstoles sus poderes divinos y la seguridad de estar con ellos siempre hasta la consumación del mundo.

 

¿Qué entendemos al decir que Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso?

Al decir que Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso entendemos que Jesucristo, en cuanto Dios, tiene igual poder y gloria que el Padre, y que, en cuanto hombre, participa plenamente de este mismo poder y de esta misma gloria.

 

Jesús vuelve

 

Con la segunda venida de Jesucristo se instalará definitivamente el Reino de Dios y será vencido para siempre el poder del mal y del demonio. No sabemos el tiempo de la segunda venida de Jesucristo; Dios no ha querido revelarlo. Quiere que estemos siempre bien preparados para ese encuentro con El. Con el retorno del Señor Jesús están relacionados: el fin del mundo presente, la resurrección de los cuerpos y el juicio universal. Jesucristo será el justo Juez que dará a cada uno según sus obras.

 

¿Volverá el Señor a aparecer visiblemente en la tierra?

Sí, el Señor Jesús volverá a aparecer visiblemente en la tierra al fin del mundo, cuando venga a juzgar a los vivos y a los muertos.

 

¿Sabemos cuándo será el fin del mundo?

No sabemos cuándo será el fin del mundo; en consecuencia, siempre debemos estar preparados.

 

¿Qué entendemos al decir que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos?

Al decir que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos entendemos que el Señor Jesús al fin del mundo juzgará a todos los hombres y dará a cada uno el premio o castigo que hubiere merecido.

 

 

1

La creación

 

Tal como nos lo relata el Libro del Génesis, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Ver Gen. 1,27) para que fuera feliz en la tierra, alabando a Dios y dominando la naturaleza, de la que fue hecho Señor (Ver Gen. 1,29-30). Dios creó al hombre por amor, y todo lo creado era expresión de este amor de Dios por el hombre. Por ello, hasta antes del pecado, el hombre vivía en plena armonía, reconciliado con Dios, consigo mismo, con los seres humanos y con todo lo creado. El hombre vivía, por tanto, en estado de felicidad.

 

¿Por qué creó Dios al hombre?

Por amor, por puro amor.

 

¿Cómo creó Dios al hombre?

Lo creó a su imagen y semejanza.

 

¿Para qué creó Dios al hombre?

Lo creó para que lo alabara, fuera feliz, viviera en armonía con sus congéneres y dominara lo creado.

 

¿Dios creó buenas todas las cosas?

Sí, Dios creó buenas todas las cosas, porque de Él no puede salir nada malo.

 

El pecado original

 

La causa del mal en el mundo es el pecado. El Diablo y los demonios fueron creados por Dios, pero ellos mismos se hicieron malos porque cometieron el gran pecado de rechazar a Dios. Inmediatamente fueron lanzados al infierno, condenados para siempre.

 

Por su pecado tienen odio a Dios y envidia a los hombres. Por eso tentaron a Adán y Eva, nuestros primeros padres, diciéndoles que si desobedecían a Dios, serían como dioses y conocerían el bien y el mal.

 

Adán y Eva se dejaron engañar por el demonio y desobedecieron a Dios. Este fue el primer pecado en la tierra: el pecado original, y por esto todos los descendientes de Adán y Eva, excepto la Santísima Virgen María, venimos al mundo con el pecado original en el alma, y con las consecuencias de aquel primer pecado, que se nos transmite por generación.

 

¿Por qué existe el mal y la muerte?

Existe el mal y la muerte por la envidia del Diablo, que es malo y mentiroso, y por el pecado de nuestros primeros padres.

 

¿Quiénes son el Diablo y los otros demonios?

El Diablo y los otros demonios son seres espirituales, con inteligencia y voluntad, creados por Dios como ángeles buenos, pero que rechazaron a Dios y se volvieron malos para siempre.

 

¿Quiénes fueron nuestros primeros padres?

Nuestros primeros padres fueron Adán y Eva, y de ellos descendemos todos los hombres.

 

¿En que condiciones creo Dios a Adán y Eva?

Dios creó a Adán y Eva muy buenos y felices, con la gracia santificante y muchas cualidades y con los dones de la inmortalidad, la impasibilidad y la integridad.

 

¿Conservaron nuestros primeros padres los dones con que fueron creados?

Nuestros primeros padres no conservaron los dones con los que fueron creados, porque se dejaron engañar por el demonio y desobedecieron a Dios, conteniendo así el primer pecado.

 

¿A quienes perjudicó el pecado de nuestros primeros padres?

El pecado de nuestros primeros padres les perjudicó a ellos y también a todos sus descendientes, que somos todos los hombres y mujeres del mundo.

 

¿Qué es el pecado original?

El pecado original con el que todos nacemos es la privación de la santidad y justicia originales. El pecado introduce en el mundo una cuádruple ruptura: la ruptura del hombre con Dios, consigo mismo, con los demás seres humanos y con la creación toda.

 

¿Qué consecuencias tiene el pecado original para nosotros?

Producto de estas rupturas, las consecuencias que tiene el pecado original para nosotros son: el debilitamiento de la naturaleza humana, que ha quedado sometida a la ignorancia, al sufrimiento, a la muerte y a la inclinación al pecado. Fuente: https://www.aciprensa.com

 

El plan de reconciliación: el Señor Jesús

 

Después del pecado de Adán y Eva, ellos y todos sus descendientes quedaron en poder del demonio. Nosotros también. Dios tuvo compasión de los hombres y prometió un Redentor que nos reconciliaría, sanando las rupturas. Este Reconciliador nacería de una Mujer que aplastaría con su pie la cabeza de la serpiente infernal que había engañado a Adán y Eva.

 

Por esto, todo el pueblo de Israel esperaba al Salvador. Los Patriarcas y Profetas del Antiguo Testamento iban recordando al pueblo elegido la promesa de Dios.

 

Se cumplió la promesa hecha por Dios de Adán y Eva cuando la segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre en las purísimas entrañas de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; y cuando este Dios y Hombre verdadero - Jesucristo - murió en la Santa Cruz para pagar por todos los pecados del mundo, reconciliándonos así con Dios, con nosotros mismos, con los hermanos humanos y con toda la creación.

 

¿Tuvo Dios compasión de los hombres después del pecado de Adán y Eva?

Si, Dios tuvo compasión de los hombres después del pecado de Adán y Eva, y para salvarnos prometió un Redentor.

 

¿Quién es el Redentor y Reconciliador de los hombres?

El Redentor y Reconciliador de los hombres es Jesucristo.

 

¿Quién es el Señor Jesús?

El Señor Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que nació de la Virgen María, murió en la Cruz para salvar a todos los hombres y resucitó al tercer día.

 

¿Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre?

Si, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre en la unidad de una sola Persona que es divina.

 

¿Desde cuándo existe Jesucristo?

El Señor Jesús, como Dios, existe desde siempre porque es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; y como hombre, existe desde la Encarnación.

 

¿Qué es la Encarnación?

La Encarnación es el misterio de la unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona de Dios Hijo.

 

¿Cómo se realizó la Encarnación del Hijo de Dios?

La Encarnación del Hijo de Dios se realizó cuando el Espíritu Santo, de las purísimas entrañas de la Virgen María, formó un cuerpo perfecto, sin pecado, y un alma nobilísima que unió a aquel cuerpo; en el mismo instante, a este cuerpo y alma se unió el Hijo de Dios y de esta manera el que antes era sólo Dios, sin dejar de serlo, quedó hecho hombre, igual a todos los hombres en todo, menos en el pecado.

 

¿Se podría decir que en Cristo hay dos personas?

Nunca, en Jesucristo hay una sola Persona que es divina, con dos naturalezas: la divina y la humana.

 

La Virgen María

 

Para realizar la reconciliación de los hombres, Dios preparó a una mujer, llenándola de gracias especiales para que fuera la Madre de Dios. La libró del pecado original y de todo pecado, desde el primer momento de su existencia y siempre fue santísima. Esa Mujer, María, sería la Madre de Dios y por ello, auténtica Madre nuestra. Un día Dios envió al Arcángel Gabriel a la ciudad de Nazaret, a la Virgen María, que estaba desposada con San José. La saludó llamándola "llena de gracia", y le expuso el Plan de Dios: Ella sería la Madre del Salvador por obra del Espíritu Santo, porque para Dios nada hay imposible. La Virgen María aceptó de inmediato el plan de Dios, diciendo: "He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra"(Lc 1,38). En aquel mismo momento, se hizo Hombre la segunda Persona de la Santísima Trinidad, sin dejar de ser Dios.

 

¿Quién es la Santísima Virgen María?

La Santísima Virgen María es la Nueva Eva, la Mujer perfecta, llena de gracia y virtudes, concebida sin pecado original, que es Madre de Dios y madre nuestra, y que está en el cielo en cuerpo y alma; y que nos acompaña permanentemente en nuestros esfuerzos por ser cristianos con gran solicitud y amor maternal.

 

¿Por qué decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios?

Decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.

 

¿Por qué decimos que la Virgen María es madre nuestra?

Decimos que la Virgen María es madre nuestra porque, por su obediencia, se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes; además, porque es Madre de Jesucristo, con quien estamos unidos por la gracia, formando un solo Cuerpo Místico.

 

¿Cuáles son los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María?

Los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María son: su Concepción Inmaculada, su perpetua Virginidad, su Maternidad divina y su Asunción en cuerpo y alma a los cielos.

 

¿Qué lugar ocupa la Santísima Virgen María en el Plan de Reconciliación?

La Santísima Virgen María ocupa en la redención el lugar de Cooperadora de la Redención, porque colaboró con su fe y su obediencia libres a la reconciliación de los hombres. Por deseo explícito del Señor Jesús, que nos la señaló como Madre (ver Jn. 19,27), María es verdaderamente Madre de todos los cristianos, quienes realizan su peregrinación terrena bajo los tiernos cuidados maternales y la compañía de María.


¡Brisa pura y fresca que renuevas los corazones!

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:«Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Palabra del Señor.

 

Entra hasta fondo del alma, divina luz; Esta es una de las exclamaciones propias de la secuencia que proclamamos en esta fiesta de la Iglesia, haciendo alusión al poder del Espíritu de Dios y cómo acontece en la vida del hombre; en ella clamamos para que la luz divina disipe las tinieblas y sombras del interior humano. Celebramos en este domingo la fiesta de Pentecostés, la gran solemnidad del Espíritu Santo; don sagrado que recibimos desde el bautismo y que nos permite reconocer que como creaturas no somos vacíos, porque Él nos habita y que su aliento (según la secuencia) disipa las fuerzas del pecado. En el Evangelio de Juan, se muestra como el legado del Resucitado es el mismo Espíritu como don para la vida de quienes le aman y siguen, no obstante, desde la experiencia de los discípulos, reconocerlo, lleva un trabajo interior de apertura, disponibilidad y determinación; ya que tras la muerte del Señor solo se experimenta la soledad y la frustración. El evangelista enmarca en un atardecer el encuentro, ya que es la instancia transitoria entre la luz y la oscuridad; así se hallaba el corazón de los discípulos, hasta el punto de estar reunidos con la puerta cerrada; el mismo texto en su traducción indica que “tiene llave desde dentro”. La cerrazón del corazón de los discípulos le impide reconocerlo y a esto se le suma el temor de correr la misma suerte; todo esto es porque no han tenido un encuentro personal con el resucitado.

 

Muchas veces actualizamos esta situación en nuestra vida fe, cuando nos dejamos amedrentar por las circunstancias de la vida y cerramos el corazón a la providente acción amorosa del Señor, vivimos en contantes tiempos de pasión y muerte alimentando la vida de temores, impidiéndonos la libertad interior que nos ofrece la fe en el Resucitado. Solo cuando nos permitimos reconocerlo habitando en medio de nuestra existencia, se pueden degustar los regalos que su presencia liberadora genera en nuestro interior. En primera instancia la paz, esta no la da como la da el mundo, esto es, no es la paz como ausencia de conflicto, que comúnmente manejamos, es más bien, la paz que genera la nueva alianza con Dios, que nos permite sentir que le pertenecemos y que en Él está el consuelo; “concluiré con ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna” (Ez 37, 26). Sabiendo que el crucificado es el mismo resucitado, porque lo hemos reconocido al ver sus llagas resplandecientes, nos vemos avocados hacer nuestra profesión de fe pascual en el Dios vivo en medio de nosotros. Así mismo por ese llamado en nuestra vocación de cristianos, somos enviados a manifestar y proclamar esa Buena nueva con nuestra vida.

 

De igual manera el Resucitado sopla sobre nosotros haciéndonos parte de la nueva creación, somos nuevas creaturas en Él, en cuya novedad esta la comunión con su pueblo y en la que consolidamos la vida de la Iglesia. Seguidamente nos regala el Espíritu Santo como el cumplimiento de las promesas de Dios, dándonos la certeza que siempre está en y con nosotros inhabitando nuestra existencia. Y finalmente el perdón de los pecados, que en perspectiva de Juan es la gracia y capacidad que tenemos de no vincularnos al pecado en orden de lo injusto y de no permitir que esa realidad permanezca en el corazón del hombre. Es así, como Pentecostés es una fiesta trinitaria en la que el anfitrión es el Espíritu, reforzando nuestra confesión de fe y en la que como el dulce huésped del alma reparte sus siete dones, salvando al que busca salvarse, dándonos su gozo eterno. Fray Elibert Salcedo OCD.

 

Los Carmelitas Descalzos caminamos juntos


En la Orden de los Carmelitas Descalzos los hermanos caminan juntos: el sábado 5 de mayo, los hermanos del Teologado en la ciudad de Bogotá, prepararon un compartir con la comunidad seglar Ntra. Sra. Del Monte Carmelo. En este encuentro, la sonrisa, el abrazo, la humildad y la dulzura en los hermanos frailes fueron los protagonistas de la tarde. Gracias a Dios por tanto recibido en acciones tan sencillas que muestran la mejor y la cara más linda nuestra Orden. 💕

 

Domingo de Ramos


Foto: http://www.diocesisdearecibo.com
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Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, San Marcos 15,1-39

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Él respondió:

+ «Tú lo dices.»

C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:

S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»

C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:

S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»

C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»

C. Ellos gritaron de nuevo:

S. «¡Crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho?»

C. Ellos gritaron más fuerte:

S. «¡Crucifícalo!»

C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:

S. «¡Salve, rey de los judíos!»

C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:

S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»

C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:

S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»

C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, jesús clamó con voz potente:

+ «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»

C. Que significa:

+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S. «Mira, está llamando a Elías.»

C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:

S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»

C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.» Palabra del Señor

 

Reflexión: el reinado de Dios

 

Es muy difícil precisar el sentido exacto que pudo dar Jesús a la entrada en Jerusalén de ese modo tan particular. Muy seguramente no coincidió con la interpretación que le dieron sus discípulos y la gente que lo seguía. Cuando se fijaron por escrito estos relatos, ya habían pasado cuarenta o cincuenta años y sus seguidores habían cambiado radicalmente la comprensión que tenían de Jesús. En estos textos se han mezclado datos históricos, prejuicios sobre el Mesías y tradiciones del Antiguo Testamento sobre otra clase de mesianismo que no era el oficial. Con los datos que hoy tenemos no podemos pensar en una “entrada triunfal”. Si era política, no lo hubiera permitido el poder romano. Si era religiosa, no lo hubiera permitido el poder religioso. Ambos tenían medios más  que suficientes para actuar contra una manifestación masiva. Mucho más en Pascua, que era momento de máxima alerta policial. No cabe duda de que algo pasó históricamente, pero no debemos imaginarlo como un acto espectacular, sino como un acto profético. Seguramente se trató de una muestra de adhesión por parte del pequeño grupo que acompañaba a Jesús, a los que posiblemente se unieron otros que venían de Judea y Galilea. Recordemos que la subida a la fiesta de Pascua se hacía siempre en grupos numerosos y festivos, en los que se manifestaba el júbilo por acercarse a la ciudad santa y al templo. Los gritos son intentos de dar una explicación a lo que estaba ocurriendo. Lo mismo los mantos y ramos expresan la actitud de los que seguían a Jesús.

 

Tampoco podemos olvidar que la inmensa mayoría del pueblo estuvo siempre del lado de los jefes y no del lado de Jesús. Son precisamente estos los que piden la muerte de Jesús. No tiene sentido insistir en que el mismo pueblo que lo aclama hoy como Rey, pide el viernes su crucifixión. Tampoco podemos minimizar el número de los seguidores de Jesús. Los evangelios nos dicen que en varias ocasiones los dirigentes no se atrevieron a detenerlo en público por el gran número de seguidores. El hecho de que lo detuvieran de noche con la ayuda de un traidor, indica el miedo de los dirigentes. Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Dedicó toda su vida a combatir el sufrimiento, las injusticias, la marginación… Vivió absolutamente entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”. Esa fue su pasión.

 

Si Jesús acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto que siendo de su Padre es también el suyo propio. Así lo dejará claro en muchas ocasiones: el Padre y yo somos uno.  Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje. Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre. Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo; ni siquiera las amenazas de muerte. Morirá fiel a Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un “excluido” pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón. Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para criminales y malditos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación de todos los seres humanos y no de algunos, como solemos escuchar de un tiempo hacia acá en la celebración eucarística.

 

Los seguidores de jesús descubrimos el misterio último, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. Jesús vivió en una sociedad donde lo religioso estaba implicado, orientando, justificando, impulsando toda una manera de entender y de vivir la vida y la sociedad, hasta tal punto que, en aquel momento, para los hebreos la Torá, la ley de Moisés, la ley de Dios es, al mismo tiempo la Constitución, por decirlo de alguna manera. En cuanto nos acercamos a Jesús vemos que, en esa sociedad, no es un escriba, un maestro de la ley, tampoco es un sacerdote; no enseña propiamente una doctrina; nosotros a veces hemos imaginado que lo más específico de Jesús era enseñar la verdadera religión, una doctrina que luego los discípulos tendrán que difundir de manera correcta, pero no es así. En el centro de la predicación de Jesús más allá de una doctrina hay un hecho, un acontecimiento, algo que está sucediendo, que Él está experimentando y que quiere contagiar a todos.

 

Todos los investigadores están de acuerdo en que el resumen que hace el evangelista Marcos -el primer evangelista- es el más correcto; dice así: Jesús anunciaba la Buena Noticia de Dios, a Dios como algo nuevo y bueno. Jesús anuncia que el Reino de Dios se está acercando, que este Dios no quiere dejarnos solos frente a los problemas y los desafíos, sino orientar nuestra vida de manera sana, dichosa; Jesús invita a cambiar de manera de pensar y de hablar, invita a creer en esta Buena Noticia, a vivir creyendo en Él. Jesús percibe que ha empezado un tiempo nuevo, pero hay que acogerlo. Hoy todos los investigadores piensan que el Reino de Dios fue la verdadera pasión de Jesús, el núcleo, el corazón de su mensaje, la pasión que inspiró toda su vida y también la razón por la que fue ejecutado. “El Reino de Dios es la alternativa de Jesús”.

 

Por supuesto, el Reino de Dios es mucho más que una religión, va mucho más allá de las creencias, los preceptos y los ritos de una religión; es una manera de entender y de vivir a Dios que lo cambia absolutamente todo. Como veremos, Jesús ha querido introducir en el mundo una experiencia nueva de Dios que nos permita vivir de una manera nueva, con una esperanza y con un horizonte diferente; es el proyecto, el Reino de Dios. Lo sorprendente es que Jesús nunca explica lo que es el Reino de Dios con un lenguaje conceptual; no sabe hablar con un lenguaje solemne, como los sacerdotes del templo; ni con el lenguaje legalista de los maestros de la ley; Jesús es un poeta. Hoy se está valorando muchísimo la dimensión poética de Jesús; las metáforas, las imágenes y sobre todo las parábolas de Jesús en esa época -siglo I- es de lo mejor que hay en la literatura mundial. Con ese lenguaje parabólico, más que hablar de doctrinas Jesús habla de cómo sería la vida si hubiera más gente que se pareciera a Dios.

 

En el fondo, Jesús llevaba dentro esta pasión, este fuego: ¿Cómo sería la vida en el Imperio Romano si en Roma no reinara Tiberio, sino Dios, es decir, alguien que hiciera lo que Dios quiere para la humanidad…? ¿Cómo cambiaría Galilea si en Séforis y más tarde en Tiberíades no reinara Antipas, sino alguien que mirara las cosas como las mira Dios…? ¿Cómo cambiaría la religión del Templo, en Jerusalén, si no estuviera Caifás y reinara un sacerdote que de verdad quisiera lo que quiere Dios…? Esa era la obsesión de Jesús. Y nosotros tendremos que preguntarnos, ¿cómo sería nuestra sociedad y nuestra Iglesia, si hubiera, cada vez más, personas, hombres y mujeres, que se parezcan un poco a Dios? Podemos imaginarnos la sorpresa, la expectación y también el recelo que tuvo que provocar Jesús cuando empezó a decir que estaba cerca el Reino de Dios –no el de Tiberio- e invitaba a todos a entrar en ese Reino. ¿Qué pretendía Jesús al introducir un “reino” que no es de un político, ni de una religión, sino de Dios?

 

Nosotros, al rezar el Padre Nuestro decimos: Venga a nosotros tu Reino; no pedimos ir al cielo, sino pedimos con Jesús que venga primero aquí, a la misma tierra su Reino. ¿Qué quiere decir, entonces, Jesús cuando nos invita a entrar en el Reino de Dios? Para empezar, que nos tenemos que salir de otros reinos, el reino de la violencia, el reino de la mentira, el reino de la corrupción, el reino de la injusticia, el reino del dinero, el reino del terrorismo… para “entrar” en el “Reino de Dios”. Celebrar una vez más la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén no puede ser algo distinto a celebrar la posibilidad de un mundo nuevo, toda vez que demos paso a la posibilidad del Reinado de Dios en la vida de todo ser humano. P. Hernando Alzate OCD.

 

San José, nuestro protector

Foto: http://rpp.pe/cultura/
Foto: http://rpp.pe/cultura/

En la Sagrada Escritura, concretamente en el evangelio, que es el alma y la fuente de la auténtica y verdadera teología, no son muchas las palabras sobre San José, pero sí más que suficientes para trazar una ficha teológica del Santo, en la que se recogen su papel en la historia de la salvación y sus virtudes y grandezas. Concretamente desde esas palabras la Iglesia: Papas, liturgia, santos, teólogos, predicadores y sentido de la fe de los fieles, han ido trazando las líneas teológicas y espirituales del José que hoy venera y ensalza la misma Iglesia.

 

San José y el Carmelo

 

San José en el Carmelo entra desde los orígenes de la Orden. No en vano el Carmelo es flor plantada, nacida y desarrollada en Palestina, la tierra de José. El Carmelo nace acunado por María y por José. Desde sus orígenes derrama fuertes aromas josefinos junto a los marianos. Y si no es cierto lo que se ha escrito, que "cuando los carmelitas, huyendo de la persecución de oriente, se refugiaron en occidente, nos trajeron la fiesta de San José(2), es innegable que la devoción a San José, a nivel personal y local, se vivía desde la venida de los carmelitas a Europa, si bien la fiesta del Santo Patriarca, a nivel de Orden, no aparece sino en la segunda mitad del siglo XV, con la particularidad de que los carmelitas fueron los primeros que en la Iglesia latina compusieron un oficio enteramente propio en honor de San José, que aparece en el breviario impreso en Bruxelas en 1580 y en los que le siguen; y es seguramente el que leía la Santa Madre en la fiesta de San José. Quiere decir que los carmelitas desde que comenzaron a honrar a San José, lo hicieron con tanto ardor y fe que apenas se encuentra precedente igual en la historia josefina. "Este oficio no solamente es el más antiguo monumento elevado en la Iglesia latina a la gloria de San José, sino también, seguramente, el cántico más hermoso que jamás le fue consagrado. Todas sus partes, desde la primera antífona hasta la última, nos representan al Santo en todo el esplendor de su gloria"(3).

 

¿Qué es lo que se cantaba y celebraba en esta festividad de San José del 19 de marzo? La virginidad de José, a quien Dios encomienda la virginidad de la Madre de su Hijo, con quien la casa, para celar el misterio de la Encarnación al diablo, y para que fuese testigo y guardián de la virginidad de María, defendiéndola de toda sospecha de infamia. El matrimonio realizado por Dios es un matrimonio virginal, ligado no por unión carnal sino por un amor virtuoso; un matrimonio feliz por la fe, el sacramento y la prole bendita. Vice-Padre, Padre virgen y, como María, libre de toda infamia de pecado, sirviéndose mutuamente María y José con solicitud conyugal, y con igual dedicación alimentando al Hijo.

 

San José es el receptor del misterio de la Encarnación, por quien el ángel, enviado de Dios, da a conocer el misterio de la salvación humana, y que tiene los reinos de la vida. Esta teología es la que leía y meditaba Santa Teresa en la fiesta de San José, mientras vivía en el monasterio de la Encarnación, donde consta que la devoción a San José estaba muy arraigada, y que, resumida y hecha experiencia singular, ha derramado en su Vida.

 

Fiestas de San José

 

Una de las manifestaciones más auténticas de verdadera devoción a un santo es la celebración litúrgica de sus fiestas. La Santa no sólo celebraba la fiesta de San José; la solemnizaba. Lo dice ella misma: "procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía" (V 6,7). Esta costumbre de celebrar la fiesta de San José con toda solemnidad, con música y sermón, con volteo de campanas y galanura de flores y nubes perfumadas de incienso y mirra -que así se celebraba la fiesta de San José en las iglesias de la Orden, según el Beato Juan Bautista el Mantuano- (21), la comenzó en la Encarnación y la mantuvo los años que vivió en aquel monasterio, las reanudó cuando volvió de Priora, y la celebraba en el convento que le pillaba la fiesta del Santo Patriarca. Es uno de los datos más testificados en los Dichos para su Beatificación y Canonización.

 

Cuando escribe las Constituciones prescribe que "los domingos y días de fiesta se cante Misa, Vísperas y Maitines. Los días primeros de Pascua y otros días de solemnidad podrán cantar Laudes, en especial el día del glorioso San José" (Const. n.2).

 

Son elocuentes, a este respecto, los festejos religiosos de carácter mariano-josefino que organizaba en solemnidades litúrgicas, como la Navidad, en la que disponía la procesión con las imágenes de la Virgen y San José, de quien era devotísima, añade Isabel Bautista, que describe la escena, y éste pidiendo posada para la Virgen en cinta. Fuente: http://ocarm.org/es/content/ocarm/san-jos-protector-orden-carmelitas

 

Reflexión sobre la palabra de Dios

Juan 12, 20-33

Foto: http://corazonenaltamar.blogspot.com.co
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En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir. Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Ya en Jerusalén, se acercan unos que vienen de Grecia (no judíos) y hablan a los discípulos porque querían ver a Jesús. Ellos que subían a dar culto en el Templo, cambian de propósito, ahora desean encontrar a Jesús, el nuevo Templo. La petición que hacen los griegos a Felipe se parece a la invitación que hizo éste a Natanael: «Ven y lo verás» (Jn 1,46). Los griegos expresan el deseo de ver a Jesús, toman la iniciativa del encuentro.

Jesús no habla directamente con ellos, pero quiere que su comunidad comprenda que «ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de Hombre», quiere que entiendan que ha llegado el momento de la manifestación de la gloria de Dios y de la misión a todos. Jesús no les va a proponer una ideología, ni mucho menos una doctrina, Jesús quiere mostrar el designio creador de Dios que se manifiesta en la plenitud humana, donde no hay barreras culturales ni raciales. La gloria de Dios reside en «el Hombre». 

 

La metáfora del grano que muere en la tierra, significa que la muerte es la condición para se libere toda la energía vital que contiene, es decir, que la vida se manifiesta de una forma nueva. La donación total del hombre hace que se liberen nuevas fuerzas, la fuerza del amor. La donación de sí mismo se sella con dar por completo la vida como la semilla que muere para que comience el fruto. De ahí que los griegos que se acercan a Jesús son una anticipación del fruto, de la promesa de fecundidad para todo aquel que ofrezca su vida. 

 

La fecundidad no depende de la transmisión de un mensaje doctrinal, sino de dar la vida hasta el extremo, de amar. La infecundidad del grano expresa la falta de adhesión a la comunidad, por eso Jesús dice que si el grano no muere «queda él solo». El verdadero fruto son los hermanos, cada una de las personas que se adhieren a la comunidad, que pasan de la muerte a la verdadera vida. Después Jesús dice: «si alguno me sirve, que me siga», de manera que seguir a Jesús implica servir, dar la vida hasta el extremo por amor. El camino que propone Jesús es el del servicio total, sin restricciones, la donación total de sí mismo para dar fruto. Quien se decide a seguirlo entra en la dinámica del servicio, de la entrega de sí; desarrolla la capacidad de amar hasta llegar a que su amor sea como el de Jesús, hasta que la presencia del Padre sea toda en él. Por eso, la fecundidad de la comunidad será posible en el seguimiento de Cristo, estando donde Él está, viviendo en el don permanente de la entrega, del donarse continua y totalmente. 

 

Jesús pide al Padre que manifieste su gloria. La voz del cielo que se escucha: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré» confirma el respaldo de Dios a la actitud de Jesús, que ha de ser la actitud de la comunidad de seguidores: la entrega total. La manifestación de Dios es para todos, ya no solo para Jesús, sino para todo el pueblo. Al ser levantado Jesús se convertirá en el centro de atracción. Ser levantado en alto no significa simplemente morir, sino que también expresa la fuerza vivificante de la muerte de Jesús y la sentencia del “mundo”. El Cristo va ha ser levantado (Jn 12,32), atraerá a todos hacia Él para que brille la gloria de su amor. 

Esa actitud de entrega, de morir a si mismo para vivir, es uno de los rasgos característicos del seguimiento que se nos propone hoy. «Morir para vivir» resume la propuesta de Cristo para su comunidad de seguidores, propuesta respaldada por la voz del cielo que «le ha glorificado y de nuevo lo glorificará». Sigamos preparando nuestro corazón para el próximo Triduo Pascual y recordemos que la condición para que haya fecundidad en la misión es la de seguir a Cristo en la entrega hasta el límite, dando la vida por amor.

 

Fr. Jairo Gómez Díaz O.C.D.

 

Juan 3, 14-21

Foto: https://www.imagenzac.com.mx/nota/55295-La-sabidur%C3%ADa-de-la-Cruz-del-Se%C3%B1or-Jes%EF%BF%BD
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En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.» Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

El evangelio (Jn 3,14-21) forma parte de la conclusión del diálogo de Jesús con Nicodemo. A través de varias repeticiones verbales, Juan presenta una y otra vez lo que constituye el núcleo de su evangelio, es decir, la fe en Jesús como único camino que lleva a la vida: “quien cree en Él tiene vida eterna” (v. 15); “dio a su Hijo único para que quien crea no perezca, sino tenga vida eterna”(v. 16); “el que cree en el Hijo no es juzgado, el que no cree ya está juzgado por no creer en el Hijo único de Dios” (v. 18). Para Juan, a cada hombre se le presentan dos opciones que determinan el destino de su existencia: creer o no creer en Jesús. Creer es adherirse personalmente a Jesús y a su proyecto de vida y de amor, en el plano personal y social, con todas sus consecuencias. El único pecado radical para Juan es la incredulidad, el rechazo de la palabra de Jesús, que es a su vez la raíz y el fundamento de todo pecado.

 

En el centro del texto se afirma además la iniciativa divina en el misterio de la salvación, haciendo referencia al amor de Dios hacia la humanidad:  “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que quien crea no perezca, sino que tenga vida eterna” (v. 16). El v. 16 indica la motivación del envío de Jesús: el amor de Dios por la humanidad; el v. 17 la finalidad del envío del Hijo único: “porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para el mundo sea salvador por medio de él”. Dios está al origen de la salvación, en virtud de un amor infinito. En el corazón de todo, y en modo especial en la misión del Hijo y de su camino hacia la cruz, está Dios que ama al mundo. No se sugiere ninguna reciprocidad por parte del mundo. El amor de Dios lo precede todo y este Dios que ama tiene como designio exclusivo la salvación y la vida.

 

En el v. 18 se afirma: “El que cree en él no es juzgado; el que no cree, está ya juzgado, porque no creyó en el nombre del Hijo del hombre”. Para el evangelio de Juan, el “juicio” del hombre ante Dios depende totalmente de la respuesta de cada uno frente al Enviado de Dios. Para Juan, el juicio de condenación no está reservado para el final de los tiempos, sino que se realiza en el presente, a partir de nuestra respuesta a Jesús. Creer en el Hijo es creer en el amor revelado, por eso creer en él es “tener la vida”; en cambio, con la negativa a creer, cerrándose y rechazando el amor revelado, el hombre se autodetermina para la muerte (definitiva).

 

Los hebreos que eran mordidos de serpiente en el desierto se curaban, mirando a la serpiente de bronce que Moisés había izado en un estandarte delante del pueblo (Num 21,8-9). A diferencia de las otras intervenciones milagrosas de Yahvéh en favor del pueblo en el desierto -como el maná o el agua de la roca-, la que se narra en Num 21 exigía una condición por parte de los hebreos que querían vivir: tenían que fijar su mirada en el estandarte de la serpiente de bronce que sería para ellos fuente de vida. Aquel evento del desierto es imagen de Jesús, que será “levantado” en la cruz (Jn 8,28; 12,34): “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre” (Jn 3,14). La serpiente libraba de una muerte improvisa, Jesús levantado en la cruz da la vida eterna a quienes creen en él. El verbo “levantar, elevar” (griego: ypsoô) (Jn 8,28; 12,34), puede tener dos significados: levantar algo materialmente o, en sentido metafórico, exaltar, glorificar a alguien. El texto evangélico conserva ambos significados. En la cruz Jesús es levantado en alto como un condenado, pero en ese mismo momento es también exaltado, glorificado, dando la vida al mundo: “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32).

 

Quien cree en él no es juzgado, es decir, condenado. En cambio la incredulidad se cierra al don del amor de Dios manifestado en la cruz de Jesús, con lo cual queda juzgada y condenada (vv. 17-18). El juicio se abata sobre los hombres que prefieren las tinieblas a la luz.  (vv. 19-21). Mientras Dios ama al mundo, los hombres paradójicamente aman las tinieblas. Quienes obran mal huyen de la luz, buscan refugio para actuar impunemente y no ser vistos ni criticados. En cambio Jesús se presenta como “luz del mundo” (Jn 8,12), que revela la verdad del hombre y lo lleva a la plenitud, dándole la capacidad de obrar como Dios quiere. A diferencia del malvado, el hombre justo, “el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios” (Jn 3,21).

 

Monseñor Silvio José Baez 

 

San Juan 2,13-25

 

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre. Palabra de Señor.

 

Relexión

 

El evangelio (Jn 3,14-21) forma parte de la conclusión del diálogo de Jesús con Nicodemo. A través de varias repeticiones verbales, Juan presenta una y otra vez lo que constituye el núcleo de su evangelio, es decir, la fe en Jesús como único camino que lleva a la vida: “quien cree en Él tiene vida eterna” (v. 15); “dio a su Hijo único para que quien crea no perezca, sino tenga vida eterna”(v. 16); “el que cree en el Hijo no es juzgado, el que no cree ya está juzgado por no creer en el Hijo único de Dios” (v. 18). Para Juan, a cada hombre se le presentan dos opciones que determinan el destino de su existencia: creer o no creer en Jesús. Creer es adherirse personalmente a Jesús y a su proyecto de vida y de amor, en el plano personal y social, con todas sus consecuencias. El único pecado radical para Juan es la incredulidad, el rechazo de la palabra de Jesús, que es a su vez la raíz y el fundamento de todo pecado.

 

En el centro del texto se afirma además la iniciativa divina en el misterio de la salvación, haciendo referencia al amor de Dios hacia la humanidad:  “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que quien crea no perezca, sino que tenga vida eterna” (v. 16). El v. 16 indica la motivación del envío de Jesús: el amor de Dios por la humanidad; el v. 17 la finalidad del envío del Hijo único: “porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para el mundo sea salvador por medio de él”. Dios está al origen de la salvación, en virtud de un amor infinito. En el corazón de todo, y en modo especial en la misión del Hijo y de su camino hacia la cruz, está Dios que ama al mundo. No se sugiere ninguna reciprocidad por parte del mundo. El amor de Dios lo precede todo y este Dios que ama tiene como designio exclusivo la salvación y la vida.

 

En el v. 18 se afirma: “El que cree en él no es juzgado; el que no cree, está ya juzgado, porque no creyó en el nombre del Hijo del hombre”. Para el evangelio de Juan, el “juicio” del hombre ante Dios depende totalmente de la respuesta de cada uno frente al Enviado de Dios. Para Juan, el juicio de condenación no está reservado para el final de los tiempos, sino que se realiza en el presente, a partir de nuestra respuesta a Jesús. Creer en el Hijo es creer en el amor revelado, por eso creer en él es “tener la vida”; en cambio, con la negativa a creer, cerrándose y rechazando el amor revelado, el hombre se autodetermina para la muerte (definitiva).

 

Los hebreos que eran mordidos de serpiente en el desierto se curaban, mirando a la serpiente de bronce que Moisés había izado en un estandarte delante del pueblo (Num 21,8-9). A diferencia de las otras intervenciones milagrosas de Yahvéh en favor del pueblo en el desierto -como el maná o el agua de la roca-, la que se narra en Num 21 exigía una condición por parte de los hebreos qu querían vivir: tenían que fijar su mirada en el estandarte de la serpiente de bronce que sería para ellos fuente de vida. Aquel evento del desierto es imagen de Jesús, que será “levantado” en la cruz (Jn 8,28; 12,34): “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre” (Jn 3,14). La serpiente libraba de una muerte improvisa, Jesús levantado en la cruz da la vida eterna a quienes creen en él. El verbo “levantar, elevar” (griego: ypsoô) (Jn 8,28; 12,34), puede tener dos significados: levantar algo materialmente o, en sentido metafórico, exaltar, glorificar a alguien. El texto evangélico conserva ambos significados. En la cruz Jesús es levantado en alto como un condenado, pero en ese mismo momento es también exaltado, glorificado, dando la vida al mundo: “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32).

 

Quien cree en él no es juzgado, es decir, condenado. En cambio la incredulidad se cierra al don del amor de Dios manifestado en la cruz de Jesús, con lo cual queda juzgada y condenada (vv. 17-18). El juicio se abata sobre los hombres que prefieren las tinieblas a la luz.  (vv. 19-21). Mientras Dios ama al mundo, los hombres paradójicamente aman las tinieblas. Quienes obran mal huyen de la luz, buscan refugio para actuar impunemente y no ser vistos ni criticados. En cambio Jesús se presenta como “luz del mundo” (Jn 8,12), que revela la verdad del hombre y lo lleva a la plenitud, dándole la capacidad de obrar como Dios quiere. A diferencia del malvado, el hombre justo, “el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios” (Jn 3,21).

 

Monseñor Silvio José Baez 

 

Marcos 9, 2-10

Foto: http://www.patheos.com/blogs/filmchat/2013/03/could-moses-have-a-cameo-in-the-next-bible-episode.html
Foto: http://www.patheos.com/blogs/filmchat/2013/03/could-moses-have-a-cameo-in-the-next-bible-episode.html

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».Palabra de Señor.

 

Reflexión: saber escuchar a Dios en la vida

 

En este segundo domingo de Cuaresma, tenemos el famoso texto de la Transfiguración del Señor. Texto lleno de una riqueza y de una profundidad para la vida Cristiana. La gran frase de esta semana es “Éste es mi Hijo muy querido. Escúchenlo”, y en este tiempo nos enseña que “escucharle” es seguir el camino de la cruz, y esta cruz no es signo de éxito ni de grandezas, sino aprender de verdad a vivir la vida con los altos y bajo que cada día tenemos, a no ser hombres y mujeres pasivos en una Iglesia que necesita cada día estar renovando en su interior y en exterior muchas de las cosas que apartan y dejan a otros fuera del lugar que Dios mismos les ha dado en su Hijo muy querido.

 

El ser cristiano no es simplemente creer en una persona, sino mirar en lo interior de cada uno cual es mi relación con Jesús, y a Él saberle escuchar en todos los momentos para vivir una fe más consciente y comprometida con el mismo Jesús y con todos.  El papa Francisco decía respecto a este pasaje los siguiente: “Jesús es el Hijo hecho Siervo, enviado al mundo para realizar a través de la Cruz el proyecto de la salvación. “¡Para salvarnos a todos nosotros!”. Su plena adhesión a la voluntad del Padre hace su humanidad transparente a la gloria de Dios, que es el Amor. De ahí que la premisa para los discípulos y para nosotros sea ésta: «Escúchenlo». Escuchar a Jesús. Él es el Salvador: seguirlo.

 

Escuchar a Cristo comporta asumir la lógica de su misterio pascual, poniéndonos en camino con Él para hacer de nuestra propia existencia un don de amor a los demás, en obediencia dócil a la voluntad de Dios Padre, con una actitud de desprendimiento de las cosas mundanas, y de libertad interior. En otras palabras, resumió el Papa Francisco, comporta el estar listos a perder la propia vida (cfr. Mc 8, 35), donándola, para que se realice el plano divino de redención de todos los hombres.

 

Subamos también nosotros al monte, exhortó el Sucesor de Pedro, como Pedro, Santiago y  Juan, ydetengámonos a contemplar el rostro de Jesús, para recoger el mensaje y traerlo a nuestra vida, así que nosotros también podamos ser transfigurados por el Amor. (Ángelus del 1-03-2015). Esta misión concierne a toda la Iglesia y es responsabilidad en primer lugar de los Pastores – obispos y sacerdotes – llamados a sumergirse en medio de las necesidades del Pueblo de Dios, acercándose con afecto y ternura, especialmente a los más débiles y pequeños, a los últimos. (16-04-2014)

 

En consecuencia el aprender a “Escuchar” se reduce a aprender a AMAR de la manara que Jesús ama, y no tener clasificaciones que en la actualidad nos hacemos y solo se ama a los que están a mi favor, los demás se les trata pero no como correspondería a un verdadero cristiano. Por ello la misión más urgente que la Iglesia tiene, y no una iglesia que sea jerárquica, sino la de la base, es que debemos despertarnos al gusto de creer, para despertar el gusto de vivir lo bueno y lo verdadero que es lo que Jesús nos pide. Por ello en debemos de tener una respuesta cada día más clara frente a la invitación de Jesús y decir como Abrahán “Aquí me tiene” o como lo dice san Pablo “Dios es el que absuelve. ¿Quién se atreverá a condenar? Si Cristo murió, más aún, resucitó, y está a la derecha de Dios, e intercede por nosotros, ¿Quién nos podrá separarnos del amor de Cristo” ( Rm. 8, 34-35).

 

Hermanos y hermanas, lo esencial de la vida cristiana es el camino de la Cruz, pero un camino que se realiza a la luz del AMOR, si esta no está vinculada en su totalidad entre sí, podemos decir que vivimos la mediocridad de la esencia cristiana y de la enseñanza de Jesús, en Tabor, que lo único que demuestra es que la Ley y la Profecía, solo pueden ser claras cuando dejamos que nuestra vida este llena de la Luz del Espíritu que es el AMOR del Padre en su Hijo querido.

 

Que este Espíritu los colme de toda su bendición en esta semana y los llene de su Paz y de su Gozo. Que la Madre del cielo sea el modelo a vivir la plenitud del amor de su Hijo al pie de la Cruz.

 

Su hermano y amigo en el Carmelo Teresiano.

Fray Jairo Enrique del Espíritu Santo, O.C.D.

 

Palmira, 23 de febrero de 2018

 

Jornadas de adoración permanente a Jesús Eucaristía por la OCDS


Palabras de nuestra presidente y calendario de adoración 2018 por comunidades

Unas palabras con Gratitud y Esperanza -con mayúscula-, para invitarlos a que sea esta nuestra actitud permanente: gratitud por todos los dones recibidos diariamente desde siempre y que durante el año que terminó, con seguridad no fueron pocos para nuestra querida Orden Seglar y para cada uno de nosotros, aún en momentos de dolor; Esperanza porque iniciamos este año con muy buenas expectativas, alentados con los mensajes de nuestro Superior General Fray Saverio Cannistrá y nuestro Superior Provincial Fray Miguel Ángel Díaz Granados, publicados en la pestaña de “nuestros superiores”.

 

Durante 2017, además de nuevas vocaciones en las comunidades OCDS antiguas y recientes, con mucha alegría recibimos desde principios de año la noticia del renacimiento de la comunidad de Sonsón, gracias al empeño y esfuerzo de nuestro Delegado Provincial Fray Carlos Roberto Plata Guillén, sueño cristalizado el pasado sábado 6 de enero con la Imposición de Escapularios a los veinticinco nuevos hermanos OCDS.  Y el otro regalo lo recibimos el 7 de diciembre en la Parroquia de San Pío X de Bogotá, también con la imposición de escapularios a los hermanos de la comunidad OCDS “Santa Teresa de Jesús” que se fue gestando desde la llegada de Fray Hevert Lizcano a esa Parroquia y tal vez, desde antes, con el valioso apoyo y aporte de Fray Jorge Luis Mendoza. Un abrazo fraterno de felicitación y agradecimiento para todos ellos y anticipado para los hermanos de la comunidad OCDS de Bucaramanga quienes Dios mediante, también tendrán ceremonia de Imposición de Escapularios en este mes de enero. 

 

Otra gran alegría y regalo de Dios para el Carmelo Seglar de Colombia, ha sido el concretar acciones con la Fundación Santa Teresa y la Fundación Construimos, para darle vía a la concepción del proyecto de la Ciudad de Dios San José de Arjona en el departamento de Bolívar.  También en 2017…la Pascua de santos miembros de las tres ramas de la Orden, entre quienes contamos a nuestras queridísimas hermanas de la OCDS Bogotá, Noemí Gallego y Lily Vásquez. 

 

En reunión de Consejo Provincial OCDS el domingo 5 de noviembre de 2017 en Bogotá, se acordaron varias cosas importantes, entre ellas: la Adoración Permanente al Santísimo por parte de todos y cada uno de los carmelitas seglares de la Provincia, para lo cual estaremos compartiendo indicaciones a través de esta página y de los Comités Internos y Externos de Comunicaciones- CIEC apoyados en el esquema de servicio y trabajo por regiones geográficas (ver mapa en la pestaña de comunidades), de manera que se faciliten tanto las comunicaciones como los desplazamientos desde y hasta las diferentes comunidades; la realización del Retiro Espiritual Nacional OCDS 2018 en Villa de Leyva-Boyacá (más adelante se informará la fecha y tema), la unificación y dinamización de esquemas y metodologías de formación por etapas del proceso (acercamiento, iniciación, crecimiento y compromiso). 

 

¡Infinitas gracias a Dios por lo mucho recibido!  A Él y a nuestra Reina y Madre del Carmelo, encomendamos el caminar de todos los carmelitas (Frailes, Monjas y Seglares) de Colombia y el mundo en la viña florida del Carmelo Teresiano.

 

¡Un gran abrazo fraterno y cariñoso para todos! 

Lucy del Carmen-OCDS