Fiesta de la Virgen del Carmen: la fiesta del amor

El sábado 16 de julio, la Orden de los Carmelitas Descalzos celebró la solemnidad de la Virgen del Carmen con los hermanos frailes y las carmelitas misioneras, parte de la gran familia carmelitana. Posteriormente, las comunidades OCDS de Bogotá compartieron una deliciosa torta y una copa de vino, expresando la gran alegría y orgullo de tener a María como nuestra madre, hermana y ejemplo de servicio diligente, apasionado, destinado a durar hasta la muerte. ¡Gracias por mostrarnos cada día a tu hijo dulce Virgen del Carmelo! 

Foto: http://globovision.com
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Desde el principio, la Orden del Carmen celebró con gran fervor las fiestas marianas comunes de la Iglesia o sea: las fiestas de la Anunciación, Asunción, Natividad y Purificación. Particular relieve dieron los carmelitas también a la celebración de la Inmaculada Concepción, aunque no estuviera prescrita como obligatoria por la liturgia de la Iglesia. Junto a estas celebraciones marianas, y a otras celebraciones marianas que se fueron introduciendo en el calendario propio de la Orden, siempre, en el sábado, se hacía “conmemoración de Santa María”. Se sabe que los carmelitas de las primeras generaciones no tenían una fiesta del propio fundador o patrono, como lo tenían las demás órdenes. Esto les llevó a celebrar a María como Señora y Patrona, incluso en el sentido de fundadora. Para honrarla, cada convento elegía una fiesta de la Virgen para celebrar su fiesta patronal. 

 

Ante tan constante y poderosa protección de la Virgen María, en la segunda mitad del siglo XIV se inició en Inglaterra la Solemne Conmemoración anual de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, para dar gracias a la "Patrona" por todos los beneficios recibidos por la Orden a lo largo de su historia,  ante todo, por dos hechos esenciales que permitieron la supervivencia de la Orden: la aprobación de la misma (después de la decisión del Concilio II de Lyon)  y la victoria conseguida en la Universidad de Cambrigde acerca del título mariano de la Orden . Se eligió el 17 de julio, como fecha de esta conmemoración. En un principio esta conmemoración anual de la Virgen María era una celebración realizada con mayor solemnidad que la conmemoración semanal a sabática de la Virgen María:  algo semejante a lo que es la Pascua anual comparada con el domingo o pascua semanal. El recuerdo de los favores recibidos por la Orden de la misma Virgen María en cada una de estas conmemoraciones anuales hacía como de vibrante pregón de dichos beneficios. 

 

Un pregón que adquirió carácter de celebración litúrgica de un “recuerdo-agradecido”.  Recuerdo de la eficaz y poderosa mediación de María, a la vez que agradecimiento a la Madre y Patrona. Este día fue también escogido por los carmelitas para renovar su donación y consagración a Ella. Un breviario-misal, escrito entre 1373-93, reza así: «Oh Dios, que te has dignado honrar a esta Orden humilde y predilecta con el título de la excelentísima Virgen y Madre tuya María, y has obrado milagros en su favor; concede propicio, que los que celebramos devotamente su conmemoración, merezcamos al presente ser fortalecidos con su auxilio y gozar después de la gloria eterna» . Con el transcurso de los años, el carácter de la fiesta patronal vinculada al marianismo de la Orden se acentúa cada vez más, enriqueciéndose con nuevos textos litúrgicos, en los que se invoca a María con frases muy tiernas y expresivas. Por ejemplo: «Oh Patrona feliz, que nunca has dejado de sernos propicia a tu amada familia […]; Lámpara de luz celestial, medicina para todos los males, mediadora poderosa nuestra […]; Oh Señora y Patrona amorosa del Carmelo», etc., etc. Y finalmente, después de evocar la excelencia del título mariano de la Orden pregonado por esta Solemnidad, se termina así: «La presente Festividad nos mueva a aumentar más y más la devoción a tan excelsa Patrona. El título de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, con que somos honrados por aprobación eclesiástica, es un timbre de gloria para nosotros» . 

 

De este modo, en los siglos XIV-XV se difunde la referencia a este “día de la Orden” o fiesta patronal para recordar y agradecer a la Virgen María los beneficios recibidos por su maternal intercesión.  A finales del siglo XV pasará esta celebración solemne al día 16 de julio. Fuente: María del Pilar de la Iglesia OCDS y corrección lingüística de María Francisca Alonso OCDS, 20 de julio de 2017. 

 

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La vida del discípulo

Foto: https://padreeduardosanzdemiguel
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Santo evangelio según san Marcos 6,7-13

 

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Hoy llegamos al último día de nuestra novena en honor de Nuestra Señora, Reina y Hermosura del Carmelo. Nueve días que nos han permitido escuchar la Palabra divina en la escuela de María, haciéndonos, junto a Ella, discípulos oyentes de la Palabra que envía, consagra, enriquece y abre caminos insospechados y benditos para cada uno de nosotros. Terminamos la novena en este domingo en donde la liturgia nos recuerda nuestra consagración como discípulos y hermanos, enviados a exhalar el aroma de Dios, y particularmente nosotros como Carmelo descalzo, al “estilo de María”, sí, al lado de quién ha sido llamada “educadora de la fe” y “pedagoga del evangelio”. El perfume del evangelio se expande por toda la liturgia dominical y hoy muy especialmente nos recuerda lo que significa la vida del discípulo, quien ha sido llamado a partir de una experiencia vital concreta y enviado para una misión específica. Así nos lo revela el profeta Amós, quién nos recuerda que el elegido es un hombre sin títulos ni renombre especial, es un ser corriente “no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos”, a quien Dios elige para que con su fuerza y bendición, asuma otra manera de vivir, “el Señor me sacó de junto al rebaño” y al que se le encomienda una misión, “ve y profetiza a mi pueblo Israel”. Expresiones fundamentales que en pocas palabras presentan la identidad nueva que asume un ser llamado por Dios y capacitado por Él, para ser testigo de la bendición divina en medio de la gente.

 

El solemne himno litúrgico que nos regala la carta a los efesios es el canto de reconocimiento a la identidad del discípulo que le ha sido conferida en el encuentro con el Padre a través de Jesús, pues ahí se experimenta “bendecido en Cristo con toda clase bienes espirituales y celestiales” y “elegido en la persona de Cristo“ para ser consagrado, participe de la santidad divina e irreprochables ante Él por el amor y “destinado a ser su hijo”, y expresar ante el mundo que estamos llamados a ser reflejos de su gloria, herederos de sus bendiciones, llenos de gracia, como se sintió y reconoció María. Y así, como lo hizo Ella, proclamar que “el tesoro de su sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad”, que no es otro que la plenitud del Reino, cantado como un verdadero Magnificat en la vida de la Virgen y de todo discípulo de Jesús. El discípulo, como Nuestra Señora, muestra con su vida cuál es la experiencia que está en la raíz de quien acepta un envío como el evangelio, pues se sabe a sí mismo bendecido, elegido, hijo del Padre, lleno de gracia y sabio con la fuerza del Espíritu que lo reconforta e ilumina.

 

Una semana de bendiciones,

P. Mauricio Uribe O.C.D.

 

Inequidad planetaria

Foto: http://www.otromundoesposible.net
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48. El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre»[26]. Por ejemplo, el agotamiento de las reservas ictícolas perjudica especialmente a quienes viven de la pesca artesanal y no tienen cómo reemplazarla, la contaminación del agua afecta particularmente a los más pobres que no tienen posibilidad de comprar agua envasada, y la elevación del nivel del mar afecta principalmente a las poblaciones costeras empobrecidas que no tienen a dónde trasladarse. El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos pobres, en los conflictos generados por falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo[27].

 

49. Quisiera advertir que no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar. Ello se debe en parte a que muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.

 

50. En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud reproductiva». Pero, «si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario»[28]. Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo. Además, sabemos que se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y «el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre»[29]. De cualquier manera, es cierto que hay que prestar atención al desequilibrio en la distribución de la población sobre el territorio, tanto en el nivel nacional como en el global, porque el aumento del consumo llevaría a situaciones regionales complejas, por las combinaciones de problemas ligados a la contaminación ambiental, al transporte, al tratamiento de residuos, a la pérdida de recursos, a la calidad de vida.

 


¿Quieres afianzar tu relación de amistad con Jesús por medio de la oración?

Foto: http://www.unlugar.org/
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Apagar la televisión y desconectarse de internet y del celular es un buen comienzo para orar. Orar requiere, en primer lugar, buscar un lugar cómodo, silencioso, ordenado y tranquilo. Buscamos un silencio exterior. No hace falta que sea absoluto y total, no es necesario irse a la cumbre de una montaña, basta con un entorno tranquilo donde uno pueda estar solo: una iglesia o tu cuarto, por ejemplo. Podemos comenzar rezando el Padre Nuestro u otra oración, pensando en lo que decimos, muy despacio. En otros momentos podemos hablar con Dios como se habla con un amigo, imaginándonoslo junto a nosotros.  A Dios Padre no podemos imaginarlo, pero sí a la imagen que hizo de sí mismo, su Hijo. Teresa de Jesús lo dice así: “… que no es otra cosa oración mental – a mi parecer -, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.” (Vida 8,5).

 

La oración no debe ser un acto egoísta que busque levantar el espíritu a sentimientos místicos, ni una paz interior sobrenatural. Al contrario, debemos acudir a la oración de manera humilde, con el corazón abierto y desnudo. La primera etapa es la más difícil: por un lado, nos cuesta encontrar el tiempo dentro de nuestro día. Debemos tratar de buscar un momento y una duración fijos. La oración requiere una disciplina “no tengo tiempo” significa “no quiero, hay cosas más importantes”, todos tenemos las mismas horas en el día.

Por otro lado, debemos dejar de adorar a los ídolos de nuestro tiempo: las atracciones del mundo y sus distracciones. Si no tomamos la iniciativa seremos esclavos del mundo siempre. No debemos dejarnos influir por prejuicios e ideas preconcebidas sobre la oración, no es sólo una cosa de monjas o de puritanos piadosos: todos estamos llamados a la oración. Si logramos dar este primer paso; reservándonos un espacio y un tiempo a la oración, debemos tratar a continuación de silenciar nuestra mente: nuestro mundo sigue ahí dentro, y las preocupaciones que tenemos provocarán que nos asalten continuas distracciones. Esto nos va a pasar siempre, al principio y cuando llevemos mucho tiempo, pero no debemos dejar que las distracciones se conviertan en las protagonistas.

 

Debemos estar atentos a las distracciones, ellas reflejan donde está realmente nuestro corazón, debemos despegarnos de ellas, pero entender que son nuestras inquietudes y apegos. El combate de la oración se vence cuando nuestras preocupaciones tienen que ver con nuestra mejora espiritual; ayudar y servir a los demás, pedir por ellos y por nosotros. Saber que queremos servir a Dios y no al dinero. De la oración deben nacer buenas obras: “Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras” (Moradas séptimas 4,6); sin embargo, habrá momentos en que las palabras no ocuparán el pensamiento. Como nos puede pasar con un buen amigo, o con mi marido, mi madre o mi hija. A veces basta una mirada, a veces nos ayuda que nos acompañen en silencio. Entender cosas sin palabras, mirar a Jesús y sentirse mirado por Él: La oración es entonces contemplativa.

 

En cualquiera de las etapas salimos reforzados con buenas intenciones y buenas disposiciones (virtudes) para nuestra vida cotidiana. Poco a poco, sin ser muy conscientes de ello, vamos dejándonos hacer en nuestro interior, dejando nuestro orgullo y egoísmo, ganando por ello en libertad de la buena, que no es hacer lo que me dé la gana, sino liberarnos del pecado, ganar en humildad y entender mejor lo pequeños que somos frente a Dios. Pequeños pero muy queridos. Sentir, en último término, que estamos en manos de un Dios todopoderoso que nos quiere.

 

Mayores escalas en la oración, como las gracias místicas que describe Santa Teresa, son muy poco frecuentes y debemos tener en cuenta varias cosas. En primer lugar, que son sólo obra de Dios, estando fuera de nuestro alcance el procurarlas, por mucho tiempo y voluntad que pongamos. En segundo lugar, que, si se dan, es para ayudarnos en alguna tarea de servicio más allá de nuestras fuerzas, nunca sería sólo para nuestro disfrute. Y, en tercer lugar, que no debemos hacer especial caso de ellas, ni esperarlas, ni mucho menos condicionar por ellas nuestra perseverancia en el orar.

 

Finalmente, hay que entender que la oración no es una evasión del mundo, sino beber de la fuente que nos hará continuar mejor nuestro camino y nuestra vida, nos ayudará a saber lo que debemos hacer y hacerlo bien. Santa Teresa nos lo dice así: “…En lo que está la suma perfección, claro está que no es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos ni visiones ni en espíritu de profecía; sino en estar nuestra voluntad tan conforme con la de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos con toda nuestra voluntad, y tan alegremente tomemos lo sabroso como lo amargo.” (Fundaciones 5,10).

 

En cuanto a la duración pueden estar bien 5 minutos al día al principio. Para ir subiendo a 15, 30 y hasta completar un tiempo razonable que nos permita “conectar” con Dios y también dedicar el tiempo necesario a las demás ocupaciones como el trabajo, familia u otras ocupaciones. Respecto a la postura debe ser cómoda pero respetuosa para con quien queremos hablar: sentado, de pie, de rodillas. En principio no recostado ni acostado, salvo enfermedad o incapacidad.

 

Si has leído hasta aquí es que te interesa la oración; por lo tanto… ¡manos a la obra! Practica pronto, no busques muchas explicaciones. Permanecer con Jesús en la eucaristía y en el Santísimo será una maravillosa forma de empezar y te dará luces para el camino. Adaptado de: http://www.santateresadejesus.com/

 


Santa Teresa de Jesús

El libro de la vida

Foto: https://www.rafaeldiaz.org
Foto: https://www.rafaeldiaz.org

El libro de la Vida es el primero que escribe santa Teresa de Jesús, el más espontáneo y fresco, fiel reflejo de su personalidad y su experiencia humana y sobrenatural. Lo escribe inicialmente en 1562 en una edición ya perdida. Pero vuelve a escribirlo de nuevo, basándose en el texto inicial, en 1565. El libro es una biografía tanto interna como externa, pues además de describir acontecimientos mundanos, también nos relata sus experiencias espirituales y nos enseña a orar. Muy a menudo convierte su relato en una oración. Los capítulos 1 al 10 sí son biográficos en el sentido convencional, pero los que siguen, del 11 al 22 son un tratado de oración, y del 32 al 36 nos describe la primera fundación del convento de San José de Ávila.

 

En su prólogo comienza: “Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho, me la dieran para que por muy menudo y con claridad dijera mis grandes pecados y ruin vida.” (Vida Prólogo, 1).  Escribe por obediencia, no por gusto, y considera incompleto el relato en que le piden excluya sus faltas. En la primera parte del libro Teresa nos relata su infancia y juventud, la muerte de su madre y la posterior de su padre. También su ingreso a la vida religiosa en 1535 con 20 años. A esta etapa le siguen 20 años de vida monástica con relajada tibieza y oración mental en sequedad, en una tensión por perseverar y desprenderse del mundo. Ella misma nos cuenta: “Cuando estaba en los contentos del mundo, en acordarme lo que debía a Dios, era con pena; cuando estaba con Dios, las afecciones del mundo me desasosegaban.” (Vida 8,2).

 

Define más adelante oración mental: “… que no es otra cosa oración mental – a mi parecer -, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.” (Vida 8,5). Insistiendo en todo momento al lector en que no deje nunca esta oración. La intensidad de su vivencia religiosa comienza a adquirir más fuerza desde que lee las Confesiones de San Agustín, y también le causa grave impresión un Cristo muy llagado que trajeron a guardar al oratorio. (Vida 9) Explica entonces la barrera que nos ponemos para acercarnos a Dios: “Mas parécenos que lo damos todo, y es que ofrecemos a Dios la renta o los frutos y quedámonos con la raíz y posesión.” (Vida 11,5).

 

El párrafo que sigue merece atención pues refleja dos aspectos muy interesantes. El primero que no sólo se dirige a religiosos y monjas, sino a todo el que comienza vida espiritual. El segundo, su batalla contra la honra, el orgullo que más adelante definirá como uno de los peores males, también en los monasterios: “Parece también que dejamos la honra en ser religiosos o en haber ya comenzado a tener vida espiritual y a seguir perfección, y no nos han tocado en un punto de honra, cuando no se nos acuerda la hemos ya dado a Dios y nos queremos tornar a alzar con ella.” (Vida 11,2). Y respecto a la honra más adelante: “si no quitan esta oruga… otras virtudes quedarán, más todas carcomidas… por poco que sea el punto de honra es como en el canto de órgano, que un punto o compás que se yerre disuena toda la música.” (Vida 31,21)

Grados de oración

Los capítulos 11 a 23 del libro de La Vida son un tratado de oración clásico y único, donde compara los niveles de oración con cuatro formas de regar un huerto. Las flores que este dará son las virtudes:

 

1.Riego acarreando el agua con cubos desde un pozo

 

Corresponde con la oración mental, interior o meditativa, que es un discurso intelectual sin repetición de oraciones aprendidas. Se trata de recoger el pensamiento en el silencio, evitar las continuas distracciones y comenzar un diálogo con Dios, sin artificios ni protocolos, como se habla con un amigo. Es la etapa que más esfuerzo personal requiere. Iniciar este camino, supone luchar con continuas distracciones,  y las atracciones del mundo, a menudo también contra la tristeza y las dudas.

 

2.Riego trasegándola con una noria

 

Oración de quietud: también llamada contemplativa. La memoria, la imaginación y razón experimentan un recogimiento grande, aunque persisten las distracciones ahonda la concentración y la serenidad. El esfuerzo sigue siendo personal, se comienza a gustar de los frutos de la oración, lo que nos anima a perseverar.

 

3.Riego con canales desde una acequia

 

Oración de unión: El esfuerzo personal del orante es ya muy pequeño: memoria, imaginación y razón son absorbidas por un intenso sentimiento de amor y sosiego: “Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano… es un sueño de las potencias, que ni del todo se pierden ni entienden como obran. El gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado… Es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se aprende la verdadera sabiduría…” (Vida 16,1)

 

4.Riego con la lluvia que viene del cielo

 

Éxtasis o arrobamiento: “El Señor me enseñe palabras cómo se pueda decir algo la cuarta agua…Acá no hay sentir, sino gozar… se goza un bien, adonde junto se encierran todos los bienes… Ocúpanse todos los sentidos en este gozo de manera que no queda ninguno desocupado para poder en otra cosa exterior ni interiormente. no queda poder en el cuerpo ni el alma le tiene para poder comunicar aquel gozo. “(Vida 18, 1). El texto está cuajado de advertencias sobre la perseverancia, sobre etapas en que se vuelve muy atrás, sobre no querer uno levantar el vuelo sólo. Y continuas llamadas a la humildad, comienzo de toda la oración y también fruto de esta: “… todo está en lo que su Majestad quiere y a quien quiere darlo; más mucho va en determinarse a quien ya comienza a recibir esta merced en desasirse de todo…”. Desasirse de todo abarca no sólo los bienes mundanos, sino los regalos que recibimos en forma de virtudes, paz o sosiego, a ellos tampoco debemos apegarnos.

 

En el capítulo 29,3 nos describe la transverberación: “veía un ángel cabe mí… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios". En el capítulo 32 tiene una espantosa visión del infierno de la que sale reforzada: “Después de acá, como digo, todo me parece fácil en comparación”. De su deseo de hacer todo lo posible por la salvación de las almas surge el carisma del Carmelo Descalzo: “Pensaba qué podía hacer por Dios, y pensé que lo primero era seguir el llamamiento que su Majestad me había hecho a religión, guardando mi Regla con la mayor perfección que pudiese. Y aunque en la casa adonde estaba había muchas siervas de Dios y era harto servido en ella, a causa de tener gran necesidad salían las monjas muchas veces…Y también no estaba fundada en su primer rigor la Regla, sino guardábase conforme a lo que, en toda la orden, que es con bula de relajación, y también otros inconvenientes, que me parecía a mí tenía mucho regalo, por ser la casa grande y deleitosa.” (Vida 32,9) “… a la manera de las descalzas” (Vida 32,10).

 

Tuvo que vencer muchos obstáculos para su primera fundación, desde la oposición y burla de muchos de sus contemporáneos incluyendo sus compañeras y confesores, hasta su propio apego a la cómoda vida que tenía y su amplia celda. Santa Teresa escribe una carta final remitiendo su libro a sus superiores: “… Yo he hecho lo que vuestra merced me mandó en alargarme, a condición de que vuestra merced haga lo que me prometió en romper lo que mal le pareciere”.El libro fue muy estudiado, hasta por la inquisición. El Padre Domingo Báñez escribía en 1575: “Sola una cosa hay en este libro en que poder reparar, y con razón; basta examinarla muy bien: y es que tiene muchas revelaciones y visiones, las cuales siempre son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios…”.

 

El libro se publicó varios años después de la muerte de Santa Teresa.

Fuente: http://www.santateresadejesus.com

 

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Poemas de San Juan de la Cruz

La noche oscura del alma

Foto: http://www.letralibre.es
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1. En una noche oscura,

con ansias, en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura!,

salí sin ser notada

estando ya mi casa sosegada.

 

2. A oscuras y segura,

por la secreta escala, disfrazada,

¡oh dichosa ventura!,

a oscuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada.

 

3. En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía

sino la que en el corazón ardía.

 

4. Aquésta me guiaba

más cierto que la luz de mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

 

en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!

¡oh noche amable más que el alborada!

¡oh noche que juntaste

Amado con amada,

amada en el Amado transformada!

 

6. En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo le regalaba,

y el ventalle de cedros aire daba.

 

7. El aire de la almena,

cuando yo sus cabellos esparcía,

con su mano serena

en mi cuello hería

y todos mis sentidos suspendía.

 

8. Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado,

cesó todo y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

 

 


En la Orden de los Carmelitas Descalzos, los hermanos caminamos juntos

El martes 10 de agosto, la comunidades de Bogotá tuvimos la alegría de recibir el la vista del delegado del Prepósito General para la OCDS Fray Alzinir Sebastiani, quien compartió con nosotros un corto pero especial momento de reflexión en dónde compartió diferentes experiencias de comunidades hermanas en el resto del mundo en la vida fraterna y en los diferentes matices del apostolado. ¡Gracias Fray Alzinir por dejarnos percibir ese olor a santidad y ese cariño que viene de nuestros superiores!.